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Lutz Matschke
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El autor vuelve a las andanzas, esta vez con una crónica sobre un hecho inédito que va a traer consecuencias en el desarrollo de la química fotográfica porque, si se trata de innovar en las tecnologías analógicas, este es un caso único y sorprendente.

 

 

Unas altas solapas se arrimaron al estaño y, tambaleándose sobre sus zapatos raídos, llamaron al tabernero. Con su delantal con más manchas que un leopardo, el hombre del mostrador lo miró por encima de sus lentes y estimando reconocer una figura habitual de las siete de la tarde, le preguntó:
-¿Hace cuanto que no comés?
-Ya me olvidé lo que es algo sólido, lerespondió una voz entrecortada, ahora necesito algo fuerte. Mi porvenir depende de lo que tengo aquí. Entreabrió su bolsillo y sólo se pudieron ver unos tubitos plásticos con tapa oscura.
-Rajá de acá, retrucó el barrigón secándose otra vez en el delantal, aquí nada de droga.
Más certero no pudo ser el vocablo, lo cual enfureció aun más al cliente del bulto bajo el sobretodo. La abstinencia lo tenía a muy maltraer. La poca lucidez que le quedaba le hizo comprender que el gordo no estaba en condiciones de entender nada.
- ¿A cuánto una jarra de café bien cargada?, lanzó su pregunta como disparo.
- No me lo podrías pagar jamás, replicó manoteando la botella de ginebra para preparar un pedido.
- No pregunté si te la puedo pagar o no, te pregunté cuantos morlacos te voy a deber, insistió socarronamente.
- Ya me debés como 20 cañas y ahora largate, le grito desde la otra punta del estaño.
- Tengo algo para revelarte, no seas imbécil, creeme! llorisqueó para sus adentros.
-Tus historias de amor ya las conozco todas. Es siempre la misma mina, lo que cambia es su nombre.
- Esta es una que va a dar que hablar, creeme, esto cambia todo!
- Y encima se te dió por hacerte el robusto vaciándote una cafetera. Eso te perforará lo poco de estómago que tenés, le dijo zamarreándolo por las solapas.
- Y si es de ayer, ¿hay precio?, retrucó cada vez más débil.
Al gordo le temblaron las mandíbulas, no podía verlo en ese estado. Se le encogió el cuore.
- Te va a teñir hasta el alma, pero si te sirve aquí lo tenés. Le alcanzo una jarra plateada pero inmediatamente se la arrancó de las manos. Sos capaz de venderla, pará que te lo cargo en la botella, agregó mientras enjuagaba la de ginebra recién terminada.
- Vo’ si que sos un tipo con cuore de oro, le susurró de cerca abrazándolo con una mano, mientras con la otra le manoteaba el tubo de vitaminas que estaban pegados a la caja. Para algo me van a servir, pensó.
Salió del boliche, bajó las tres cuadras oscuras hasta la pensión. Buen momento para hacer la operación, se dijo, ya no hay peligro.
Entró a la pensión por la puerta de atrás, para que no la viese Doña MQ, como le decía a doña Margarita Domecq. Pasó por el piletón del patio, manoteó otro paquete, esta vez uno importado que decía “Washing Soda” y se metió en la pieza. Allí comenzó a forjar la historia que lo hiciera tan famoso.

Manos a la obra

Primero corrió la foto de su vieja. Sacó los tubitos de los bolsillos y los acomodó prolijamente sobre el aparador. De uno de los cajones sacó el tanque brilloso y de éste unos cosos de alambre de acero. Con toda seguridad apagó el único velador de la pieza, no si antes darle una vuelta más a la llave. No vaya a ser que Doña MQ lo sorprendiera en medio de la oscuridad y no le bastarían las explicaciones vanas para los ojos supervisores de la dueña. Ya en plena oscuridad empezó a ver unos círculos concéntricos de luz que se iban alejando, de esos que ya había visto durante los últimos días.
- El café me aliviará, se consoló.
Un vez que terminó la operación, prendió la luz y casi mecánicamente sacó del fondo del ropero, debajo de la guitarra, unas botellas de ginebra, cada una con etiqueta distinta.
Justo cuando se disponía a echarle la primera dentro del tanque alguien golpea la puerta.
- Me olió la muy turra, dijo en voz baja, agregando en voz alta: ¿Qué quiere a estas horas?
- Cobrarle los tres meses que me debe! le respondió doña MQ.
- Se lo prometí para el viernes y hoy recién es martes , ¿o ya se olvidó?, gritó agarrando la botella recién traída.
Y sin pensarlo dos veces se la vació al tanque de revelado.
-Ta’ fiero el revelador, pero otro no hay, se dijo.
Le clavó los dos líquidos siguientes y al final, a modo de trago reparador, empinó la botella que quedaba.
Escupió el líquido con una fuerza tal que atravesó la pieza y gritó como si los estuviesen acuchillando.
Cuando leyó la etiqueta estaba todo dicho: Había revelado con café e imagen había a la vista. Solo que débil.
- Ya que estoy voy a probar con esto de la soda de lavado del piletón, basta que no salga con burbujas, ¿que más puedo perder? Le agregó unas cucharaditas al café del otro rollo. Esa noche la suerte estaba de su lado. Los negativos eran como de costumbre, pero amarronados.
- El tiempo no me perdona, sentenció.
Cipriano acababa de inventar el revelado al café, su lugar de parada habitual. La conjunción de lugar y elemento era evidentemente su clave.
Ya totalmente fuera de sí y con los muebles y las pilchas dándole vueltas alrededor de la pieza, vació el tubo de vitaminas en un jarro, le agregó unas cucharadas del polvo mágico del piletón, y repitió la operación por tercera vez. Nunca se había sentido de tan buen ánimo ni revelado tan bien, o al menos eso era lo que el creía.
-La MQ no va a entender nada, cuando me vengan a entrevistar de las revistas importadas, se dijo sonriéndose mientras colgaba los rollos procesados, que a esa altura ya no colgaban rectos sino que los veía como en extraños rulos descendentes.
Los círculos luminosos en su visión eran cada vez más frecuentes e intensos; él los atribuía a la ingesta (mínima) de la primera botella. Mientras colgaba el último rollo un pesado telón cayó sobre él y su visión.
Cuando despertó lo primero que reconoció fue a doña MQ, paquete de soda en mano. Los que la acompañaban eran tres policías uniformados y un inspector de toxicomanía. Afuera era un solo tumulto y disparos con magnesio.
- Debe ser la fama que finalmente está llegando, se dijo entre sopores.
- Se salvó de milagro, se salvó. Si la cosa ésta no avisa, usted es boleta, dijo toxicomanía cabeceando a doña MQ.
En la seccional nadie le creyó.

 

Un excitador, un nutriente y

un tranquilizador: mezcla reveladora

Los reveladores que veremos son una cruza del efecto excitante de la cafeína (como en las gaseosas, las infusiones de café, mate, etc.), un complejo vitamínico (que ahora aparece como argumento de venta en todas las publicidades de comestibles), y el Bromuro, tranquilizante usado en otras épocas por personajes como el dramaturgo August Srindberg o en los nerviosos potrillos del hipódromo. Todo controlado por un producto básico que supo ser orgullo nacional: El Carbonato de Sodio o Soda Solway. En los años ’70 se proyectaba instalar en San Antonio Oeste una planta que adquiría esa licencia internacional y que iba a fabricar el elemento base para fabricar vidrio. Su efecto en el lavado de ropa es una novedad para mí.
No casualmente es a través de los cristales que nuestras imágenes siguen siendo generadas.

 

 

Revelador de alta acutancia, a la cafeína

Agua a 30 ºC                                                                                                300 cc.
Café Instantáneo
en polvo o gránulos                    15 grs. (6 cucharadas pequeñas colmadas)
Carbonato de Sodio
(Soda de Lavado)                        22 grs. (3 cucharadas pequeñas colmadas)
Bromuro de Potasio,
Solución al 1%*                                                                                                1 cc.
Tiempo de revelado a 26 ºC: 15 min. Agitación cada 60 seg.
Exposición de película: + 2 EV (En el caso del ejemplo se usó Ilford HP5 Plus a ISO 100/21)
Revelador de muy bajo contraste, usar únicamente para situaciones de luz dura.

Revelador de grano fino, a la Vitamina C

Agua a 30 ºC                                                                                                300 cc.
Acido Ascórbico
(Vitamina C)*                                 8 grs. (2 cucharadas pequeñas colmadas)
Carbonato de Sodio
(Soda de Lavado)                        37 grs. (5 cucharadas pequeñas colmadas)
Bromuro de Potasio,
Solución al 1%*                                                                                                q cc.
Tiempo de revelado a 26 ºC: 18 min. Agitación cada 60 seg.
Exposición de película: + 1 EV. En el caso del ejemplo se usó HP5 Plus a ISO 200/24.

* El Acido Ascórbico se puede reemplazar por Vitamina C en tabletas, conservando la concentración de ácido en la solución. No se sabe el efecto causado por los excipientes. Se comercializan potes de Acido Ascórbico chino de 125 grs. por precios inferiores al de las vitaminas tradicionales.
** Para preparar una solución al 1% diluya 1 gr. de Bromuro en 100 cc. de agua.
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Algunas droguerías en Capital Federal
• Droguería Retienne – Tte. Gral. Perón 1155 – Tel. 0810 777 3772
• Química Oeste – Av. Rivadavia 10950 – Tel. 4641 7000
• Droguería Van Rossum – Palpa 3244 – Tel. 4552 0886
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