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Lutz Matschke
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La lucha entre lo analógico y lo digital pareciera que aún no ha finalizado. Mientras tanto, quedan en el camino despojos de uno y otro bando por la ferocidad de la batalla. ¿Nostalgia? ¿Aferrarse al pasado? Lo cierto es que el haluro de plata está vigente y goza de buena salud.

Aún no recuerdo como aparecí allí, lo cierto era que delante de mí tenía un gran local, con mostradores de madera maciza lustrados a gomalaca y vidrios biselados. Detrás de ellos moraban vendedores finamente peinados a la gomina en sus planchadísimos trajes de un riguroso gris.
Todos ellos portaban un inmenso prendedor dorado en la solapa y me miraban inquisitivamente con su sonrisa cómplice. Evidentemente era el único potencial comprador dentro de ese gran comercio que tenía por techo una inmensa pirámide vidriada.
Sorteando las vitrinas centrales que tenían las cámaras fotográficas más valiosas, quise aproximarme a un mostrador, cuando colgado de su delgada cola me interceptó un singular personaje. Luego me enteré, eran permanentes. De piel cuadriculada y lampiña, con cuatro subcuadrículas rojas, azules y dos verdes dentro de cada cuadrado; estos seres comenzaron a cruzar la sala por el aire con una velocidad inusitada y en el más absoluto silencio. Sus colas enrollables, similares a films cinematográficos 35 mm, se descolgaban del techo y cruzaban el salón de ventas sin que se produjera choque alguno entre ellos.
Pensé que era el fin. Al principio retrocedí lentamente, y luego intenté huir corriendo hacia la puerta de entrada que parecía estar con cerrojo.
Pero un vendedor me tomó por el hombro y me acercó gentilmente a su mostrador y, sin decir nada, comenzó a enseñarme unas cámaras nunca antes vistas.
Tenían simulado el nombre de una perra enviada al cosmos, con una roja "L" que subrayaba toda la marca. Sus estuches de cuero tenían un placentero aroma a chucrut. Su terminación de cromo mate las hacía parecer eternas y eso me gustó.
Mientras tanto, los seres residentes empezaron a romper el silencio, ya no con aullidos sino que luego de una explosión luminiscente de magnesio, comenzaron a tirarse con cuanto artículo tenían a mano. Comenzaron con los carteles publicitarios de cartón algunos de color naranja, otros amarillos y los más recientes, verdes. Uno de ellos casi se me incrusta en la frente, lo esquive no porque lo viese llegar, sino que me agaché gracias a un rodillazo que el vendedor me clavó en mi estomago.
-Gracias, me salvo la vida-, alcance a decirle mientras recuperaba la respiración. El vendedor asentía sólo con un gesto afirmativo.
Intempestivamente apareció como de atrás mío uno de ellos, me arrancó la tan preciada cámara y la estrelló contra el techo, traspasando el cristal. Lo único que nos quedó de ella fue la tapa del objetivo que me robe a modo de souvenir.
-Son implacables, ya no sabemos que hacer con ellos-, me murmuró con cabeza gacha.
Me tomó por el hombro y me dejé llevar por él al otro lado del salón. A esa altura los pixolotls ya se estaban tirando con cuanto trípode tenían a mano. Otros los encandilaban con flashazos de estudio y si el disparo acertaba a una distancia prudencial, pues se aniquilaban. Fue así que empezaron a caer de tanto en tanto, algunos de ellos todavía humeando.
Sin inmutarse, el vendedor sacó de la vitrina, ya no tan exclusiva, una cámara un poco más aerodinámica y mucho más liviana. Sospeché que ya no era tan duradera, pero el olor a sushi del estuche me cautivó. Mientras la llevaba a mi ojo para enfocar al vendedor, otro de los pixolotl me la arrancó de la mano. Por suerte aún no me la había colgado al cuello, sino me arrastraba con él. La estrujó con tanta fuerza que los pedazos de policarbonato quedaron esparcidos por los pasillos a medida que iba cruzándose colgado de su cola al otro vértice del local.­
-Tenemos otras, también a film. Más sofisticadas, con muchas más funciones-, me dijo ya más irritado.
A esa altura ya la batalla era química, los pixolotls se vaciaban sobres de reveladores y fijadores en los ojos, mientras algunos se perseguían con jeringas hipodérmicas con ácidos y viradores al selenio. Algunos se defendían con un tanque de revelado a modo de casco, los de inoxidable eran los más efectivos.
Mientras trataba de entender los 132 botones y diales, me sentí mucho más cerca de un bandoneón que de una cámara. Esta vez la examiné estando muy atento al acontecer de mi alrededor. Cuando lo vi, llegar con sus ojos como dos CCD descalibrados, arrojé la cámara hacia arriba. La alcanzó a mitad de camino hacia el techo y terminó por incrustársela en la pelada al gerente de ventas del salón. Este último simuló no inmutarse.
-Ellos prefieren que vendamos éstas-, dijo sacando una pequeña cajita similmetal de su bolsillo.
A esa altura la guerra ya era total, de una punta tiraban con latas de película teleguiadas con GPS desde una catapulta improvisada con trípodes atados con alambres. Los otros le interceptaban el recorrido con fotómetros a aguja y se los relanzaban con packs polaroid envueltos en llamas.
-Ah, para fotos familiares-, alcance a responderle mientras pensaba que no era buen día para comprar una cámara fotográfica.
Mientras salía del local alcance a divisar en el fondo como los pixolotls vencedores se fotografiaban entre ellos en un estudio con luz natural, sobre una montaña de cámaras de placa y de formato medio.
Casi en la puerta de cristal rota encontré tirado en un charco un librito de hojas amarillas. Me impactó el subtítulo, por eso lo levanté y lo sequé en mi casa. Aquí, con ustedes los

"Reveladores Especiales de Negativos B/N Sencillos y Económicos"


El revelador de dos o tres componentes

Químicamente hablando, revelar no es más ni menos que reducir las sales de plata memoriosas de haber visto más o menos luz, a óxidos de plata más o menos grises. La misma capa negra que tiñe un anillo o aro de plata, es la que forma la imagen en el negativo.
Los reveladores necesitan dos a tres elementos para que actúen, un agente Re-Velador que saque a la luz la imagen latente en la emulsión, uno que evite que se oxide el agente revelador y otro que lo alcalinice.
Los agentes reveladores son caros, pero se usan en proporciones homeopáticas, con los cual 100 grs. de Metol, Hidroquinona o Fenidona duran una eternidad.
Dos grandes enemigos tienen estos agentes reveladores, aunque estén sin diluir: la luz y la humedad. Guárdelos en envases negros y en lugares secos y tendrá productos químicos eternos.
Pesar tan poca cantidad de químicos no es un problema, si logra adquirir una balanza de pesar cartas.
Todos los tiempos de revelado dados en esta nota son indicativos, al segundo o tercer rollo ya le encontrará el tiempo ajustado para su propia necesidad para el primer revelado conviene hacer una prueba con un rollo corto de unas 10 imágenes en distintas situaciones de luz.


De alta acutancia, Willi Beutler

Solución A
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol ............................................ 10 gr
Sulfito de Sodio............................. 50 gr
Agua hasta completar el litro.

Solución B
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Carbonato de Sodio....................... 50 gr
Agua hasta completar el litro.

Dilución: 1A + 1B +10 Agua. De un solo uso
Tiempos a 20 ºC:
• Películas de ISO 50: 7 min.
• Películas de ISO 100 - 125: 11 min.


De grano fino Windisch, al metol sulfito

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol ........................................... 7,5 gr
Sulfito de Sodio............................. 75 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos a 20 ºC:
• Películas de ISO 100: 15 min.
• Películas de ISO 400: 20 - 25 min.
Rendimiento: 6 rollos, agregando un 10 % de tiempo por cada rollo revelado.
 


De grano fino D 25, al metol sulfito

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol............................................ 7,5 gr
Sulfito de Sodio............................ 100 gr
Bisulfito de Sodio........................... 15 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos a 24 ºC:
• Películas de ISO 100: 14 min.
• Películas de ISO 400: 17 - 22 min.
Rendimiento: 8 rollos, agregando un 15 % de tiempo por cada rollo revelado.


Revelador de grano fino, al diaminofenol

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Sulfito de Sodio............................. 30 gr
Diaminofenol.................................... 5 gr
Cloruro de Amonio....................... 150 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos a 20 ºC: 8 min.


Revelador tipo Rodinal, al paraminofenol

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Paraminofenol, clorhidrato............. 10 grs
Metabisulfito de Potasio................ 30 grs
Agua hasta completar el litro.

Una vez enfriada la solución, agregar gotas de Soda Cáustica al 50% hasta que se diluya el precipitado formado.

Dilución: 1:10 a 1:30. De un solo uso
Tiempos a 20 ºC: 8 a 17 min.


Revelador POTA, tipo Technidol, a la Fenidona, de bajo contraste


Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Sulfito de Sodio............................ 30 grs
Fenidona (*)................................ 1,5 grs
Agua hasta completar el litro.

Usar puro inmediatamente después de diluido. De un solo uso.
Revelador para películas de muy alto contraste o escenas de extremo rango tonal (Por ej. escenas nocturnas).

Tiempos a 20 ºC: 12,5 a 15 min.


Revelador de grano fino en dos baños, H. Stoeckler


Solución A
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol .............................................. 5 gr
Sulfito de Sodio............................ 100 gr
Agua hasta completar el litro.

Solución B
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Bórax............................................. 10 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos en Solución A a 20 ºC
Películas de ISO 50: 3 min.
Películas de ISO 100 - 200: 4 min.
Películas de ISO 400: 6 min.

Tiempos en Solución B a 20 ºC
Películas de ISO 50 - 400: 3 min.

(*) De difícil obtención actualmente en el mercado argentino.

 

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Algunas direcciones para adquirir químicos

Romek, Molinedo 1600 (1870-Avellaneda), Tel. 4218-3683. correo@romekquimicos. com.ar / www.romekquimicos. com.ar
Droguería Retienne Tte. Gral. Perón 1155 - Buenos Aires - Tel. 0810 777-3772.
Droguería Van Rossum - Palpa 3244, Buenos Aires - Tel. 4552 0886.
Química Oeste, Av. Rivadavia 10950, Buenos Aires - Tel. 4641 7000.

Aún no recuerdo como aparecí allí, lo cierto era que delante de mí tenía un gran local, con mostradores de madera maciza lustrados a gomalaca y vidrios biselados. Detrás de ellos moraban vendedores finamente peinados a la gomina en sus planchadísimos trajes de un riguroso gris.
Una de PixolotlsTodos ellos portaban un inmenso prendedor dorado en la solapa y me miraban inquisitivamente con su sonrisa cómplice. Evidentemente era el único potencial comprador dentro de ese gran comercio que tenía por techo una inmensa pirámide vidriada.
Sorteando las vitrinas centrales que tenían las cámaras fotográficas más valiosas, quise aproximarme a un mostrador, cuando colgado de su delgada cola me interceptó un singular personaje. Luego me enteré, eran permanentes. De piel cuadriculada y lampiña, con cuatro subcuadrículas rojas, azules y dos verdes dentro de cada cuadrado; estos seres comenzaron a cruzar la sala por el aire con una velocidad inusitada y en el más absoluto silencio. Sus colas enrollables, similares a films cinematográficos 35 mm, se descolgaban del techo y cruzaban el salón de ventas sin que se produjera choque alguno entre ellos.
Pensé que era el fin. Al principio retrocedí lentamente, y luego intenté huir corriendo hacia la puerta de entrada que parecía estar con cerrojo.
Pero un vendedor me tomó por el hombro y me acercó gentilmente a su mostrador y, sin decir nada, comenzó a enseñarme unas cámaras nunca antes vistas.
Tenían simulado el nombre de una perra enviada al cosmos, con una roja "L" que subrayaba toda la marca. Sus estuches de cuero tenían un placentero aroma a chucrut. Su terminación de cromo mate las hacía parecer eternas y eso me gustó.
Mientras tanto, los seres residentes empezaron a romper el silencio, ya no con aullidos sino que luego de una explosión luminiscente de magnesio, comenzaron a tirarse con cuanto artículo tenían a mano. Comenzaron con los carteles publicitarios de cartón algunos de color naranja, otros amarillos y los más recientes, verdes. Uno de ellos casi se me incrusta en la frente, lo esquive no porque lo viese llegar, sino que me agaché gracias a un rodillazo que el vendedor me clavó en mi estomago.
-Gracias, me salvo la vida-, alcance a decirle mientras recuperaba la respiración. El vendedor asentía sólo con un gesto afirmativo.
Intempestivamente apareció como de atrás mío uno de ellos, me arrancó la tan preciada cámara y la estrelló contra el techo, traspasando el cristal. Lo único que nos quedó de ella fue la tapa del objetivo que me robe a modo de souvenir.
-Son implacables, ya no sabemos que hacer con ellos-, me murmuró con cabeza gacha.
Me tomó por el hombro y me dejé llevar por él al otro lado del salón. A esa altura los pixolotls ya se estaban tirando con cuanto trípode tenían a mano. Otros los encandilaban con flashazos de estudio y si el disparo acertaba a una distancia prudencial, pues se aniquilaban. Fue así que empezaron a caer de tanto en tanto, algunos de ellos todavía humeando.
Sin inmutarse, el vendedor sacó de la vitrina, ya no tan exclusiva, una cámara un poco más aerodinámica y mucho más liviana. Sospeché que ya no era tan duradera, pero el olor a sushi del estuche me cautivó. Mientras la llevaba a mi ojo para enfocar al vendedor, otro de los pixolotl me la arrancó de la mano. Por suerte aún no me la había colgado al cuello, sino me arrastraba con él. La estrujó con tanta fuerza que los pedazos de policarbonato quedaron esparcidos por los pasillos a medida que iba cruzándose colgado de su cola al otro vértice del local.­
-Tenemos otras, también a film. Más sofisticadas, con muchas más funciones-, me dijo ya más irritado.
A esa altura ya la batalla era química, los pixolotls se vaciaban sobres de reveladores y fijadores en los ojos, mientras algunos se perseguían con jeringas hipodérmicas con ácidos y viradores al selenio. Algunos se defendían con un tanque de revelado a modo de casco, los de inoxidable eran los más efectivos.
Mientras trataba de entender los 132 botones y diales, me sentí mucho más cerca de un bandoneón que de una cámara. Esta vez la examiné estando muy atento al acontecer de mi alrededor. Cuando lo vi, llegar con sus ojos como dos CCD descalibrados, arrojé la cámara hacia arriba. La alcanzó a mitad de camino hacia el techo y terminó por incrustársela en la pelada al gerente de ventas del salón. Este último simuló no inmutarse.
-Ellos prefieren que vendamos éstas-, dijo sacando una pequeña cajita similmetal de su bolsillo.
A esa altura la guerra ya era total, de una punta tiraban con latas de película teleguiadas con GPS desde una catapulta improvisada con trípodes atados con alambres. Los otros le interceptaban el recorrido con fotómetros a aguja y se los relanzaban con packs polaroid envueltos en llamas.
-Ah, para fotos familiares-, alcance a responderle mientras pensaba que no era buen día para comprar una cámara fotográfica.
Mientras salía del local alcance a divisar en el fondo como los pixolotls vencedores se fotografiaban entre ellos en un estudio con luz natural, sobre una montaña de cámaras de placa y de formato medio.
Casi en la puerta de cristal rota encontré tirado en un charco un librito de hojas amarillas. Me impactó el subtítulo, por eso lo levanté y lo sequé en mi casa. Aquí, con ustedes los

"Reveladores Especiales de Negativos B/N Sencillos y Económicos"

El revelador de dos o tres componentes

Químicamente hablando, revelar no es más ni menos que reducir las sales de plata memoriosas de haber visto más o menos luz, a óxidos de plata más o menos grises. La misma capa negra que tiñe un anillo o aro de plata, es la que forma la imagen en el negativo.
Los reveladores necesitan dos a tres elementos para que actúen, un agente Re-Velador que saque a la luz la imagen latente en la emulsión, uno que evite que se oxide el agente revelador y otro que lo alcalinice.
Los agentes reveladores son caros, pero se usan en proporciones homeopáticas, con los cual 100 grs. de Metol, Hidroquinona o Fenidona duran una eternidad.
Dos grandes enemigos tienen estos agentes reveladores, aunque estén sin diluir: la luz y la humedad. Guárdelos en envases negros y en lugares secos y tendrá productos químicos eternos.
Pesar tan poca cantidad de químicos no es un problema, si logra adquirir una balanza de pesar cartas.
Todos los tiempos de revelado dados en esta nota son indicativos, al segundo o tercer rollo ya le encontrará el tiempo ajustado para su propia necesidad para el primer revelado conviene hacer una prueba con un rollo corto de unas 10 imágenes en distintas situaciones de luz.

De alta acutancia, Willi Beutler

Solución A
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol ............................................ 10 gr
Sulfito de Sodio............................. 50 gr
Agua hasta completar el litro.

Solución B
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Carbonato de Sodio....................... 50 gr
Agua hasta completar el litro.

Dilución: 1A + 1B +10 Agua. De un solo uso
Tiempos a 20 ºC:
• Películas de ISO 50: 7 min.
• Películas de ISO 100 - 125: 11 min.

De grano fino Windisch, al metol sulfito

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol ........................................... 7,5 gr
Sulfito de Sodio............................. 75 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos a 20 ºC:
• Películas de ISO 100: 15 min.
• Películas de ISO 400: 20 - 25 min.
Rendimiento: 6 rollos, agregando un 10 % de tiempo por cada rollo revelado.

De grano fino D 25, al metol sulfito


Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol............................................ 7,5 gr
Sulfito de Sodio............................ 100 gr
Bisulfito de Sodio........................... 15 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos a 24 ºC:
• Películas de ISO 100: 14 min.
• Películas de ISO 400: 17 - 22 min.
Rendimiento: 8 rollos, agregando un 15 % de tiempo por cada rollo revelado.

Revelador de grano fino, al diaminofenol

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Sulfito de Sodio............................. 30 gr
Diaminofenol.................................... 5 gr
Cloruro de Amonio....................... 150 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos a 20 ºC: 8 min.

Revelador tipo Rodinal, al paraminofenol

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Paraminofenol, clorhidrato............. 10 grs
Metabisulfito de Potasio................ 30 grs
Agua hasta completar el litro.

Una vez enfriada la solución, agregar gotas de Soda Cáustica al 50% hasta que se diluya el precipitado formado.

Dilución: 1:10 a 1:30. De un solo uso
Tiempos a 20 ºC: 8 a 17 min.

Revelador POTA, tipo Technidol, a la Fenidona, de bajo contraste

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Sulfito de Sodio............................ 30 grs
Fenidona (*)................................ 1,5 grs
Agua hasta completar el litro.

Usar puro inmediatamente después de diluido. De un solo uso.
Revelador para películas de muy alto contraste o escenas de extremo rango tonal (Por ej. escenas nocturnas).

Tiempos a 20 ºC: 12,5 a 15 min.

Revelador de grano fino en dos baños, H. Stoeckler

Solución A
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol .............................................. 5 gr
Sulfito de Sodio............................ 100 gr
Agua hasta completar el litro.

Solución B
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Bórax............................................. 10 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos en Solución A a 20 ºC
Películas de ISO 50: 3 min.
Películas de ISO 100 - 200: 4 min.
Películas de ISO 400: 6 min.

Tiempos en Solución B a 20 ºC
Películas de ISO 50 - 400: 3 min.

(*) De difícil obtención actualmente en el mercado argentino

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Algunas direcciones para adquirir químicos

Romek, Molinedo 1600 (1870-Avellaneda), Tel. 4218-3683. correo@romekquimicos. com.ar / www.romekquimicos. com.ar
Droguería Retienne Tte. Gral. Perón 1155 - Buenos Aires - Tel. 0810 777-3772.
Droguería Van Rossum - Palpa 3244, Buenos Aires - Tel. 4552 0886.
Química Oeste, Av. Rivadavia 10950, Buenos Aires - Tel. 4641 7000.

  Aún no recuerdo como aparecí allí, lo cierto era que delante de mí tenía un gran local, con mostradores de madera maciza lustrados a gomalaca y vidrios biselados. Detrás de ellos moraban vendedores finamente peinados a la gomina en sus planchadísimos trajes de un riguroso gris.
Una de PixolotlsTodos ellos portaban un inmenso prendedor dorado en la solapa y me miraban inquisitivamente con su sonrisa cómplice. Evidentemente era el único potencial comprador dentro de ese gran comercio que tenía por techo una inmensa pirámide vidriada.
Sorteando las vitrinas centrales que tenían las cámaras fotográficas más valiosas, quise aproximarme a un mostrador, cuando colgado de su delgada cola me interceptó un singular personaje. Luego me enteré, eran permanentes. De piel cuadriculada y lampiña, con cuatro subcuadrículas rojas, azules y dos verdes dentro de cada cuadrado; estos seres comenzaron a cruzar la sala por el aire con una velocidad inusitada y en el más absoluto silencio. Sus colas enrollables, similares a films cinematográficos 35 mm, se descolgaban del techo y cruzaban el salón de ventas sin que se produjera choque alguno entre ellos.
Pensé que era el fin. Al principio retrocedí lentamente, y luego intenté huir corriendo hacia la puerta de entrada que parecía estar con cerrojo.
Pero un vendedor me tomó por el hombro y me acercó gentilmente a su mostrador y, sin decir nada, comenzó a enseñarme unas cámaras nunca antes vistas.
Tenían simulado el nombre de una perra enviada al cosmos, con una roja "L" que subrayaba toda la marca. Sus estuches de cuero tenían un placentero aroma a chucrut. Su terminación de cromo mate las hacía parecer eternas y eso me gustó.
Mientras tanto, los seres residentes empezaron a romper el silencio, ya no con aullidos sino que luego de una explosión luminiscente de magnesio, comenzaron a tirarse con cuanto artículo tenían a mano. Comenzaron con los carteles publicitarios de cartón algunos de color naranja, otros amarillos y los más recientes, verdes. Uno de ellos casi se me incrusta en la frente, lo esquive no porque lo viese llegar, sino que me agaché gracias a un rodillazo que el vendedor me clavó en mi estomago.
-Gracias, me salvo la vida-, alcance a decirle mientras recuperaba la respiración. El vendedor asentía sólo con un gesto afirmativo.
Intempestivamente apareció como de atrás mío uno de ellos, me arrancó la tan preciada cámara y la estrelló contra el techo, traspasando el cristal. Lo único que nos quedó de ella fue la tapa del objetivo que me robe a modo de souvenir.
-Son implacables, ya no sabemos que hacer con ellos-, me murmuró con cabeza gacha.
Me tomó por el hombro y me dejé llevar por él al otro lado del salón. A esa altura los pixolotls ya se estaban tirando con cuanto trípode tenían a mano. Otros los encandilaban con flashazos de estudio y si el disparo acertaba a una distancia prudencial, pues se aniquilaban. Fue así que empezaron a caer de tanto en tanto, algunos de ellos todavía humeando.
Sin inmutarse, el vendedor sacó de la vitrina, ya no tan exclusiva, una cámara un poco más aerodinámica y mucho más liviana. Sospeché que ya no era tan duradera, pero el olor a sushi del estuche me cautivó. Mientras la llevaba a mi ojo para enfocar al vendedor, otro de los pixolotl me la arrancó de la mano. Por suerte aún no me la había colgado al cuello, sino me arrastraba con él. La estrujó con tanta fuerza que los pedazos de policarbonato quedaron esparcidos por los pasillos a medida que iba cruzándose colgado de su cola al otro vértice del local.­
-Tenemos otras, también a film. Más sofisticadas, con muchas más funciones-, me dijo ya más irritado.
A esa altura ya la batalla era química, los pixolotls se vaciaban sobres de reveladores y fijadores en los ojos, mientras algunos se perseguían con jeringas hipodérmicas con ácidos y viradores al selenio. Algunos se defendían con un tanque de revelado a modo de casco, los de inoxidable eran los más efectivos.
Mientras trataba de entender los 132 botones y diales, me sentí mucho más cerca de un bandoneón que de una cámara. Esta vez la examiné estando muy atento al acontecer de mi alrededor. Cuando lo vi, llegar con sus ojos como dos CCD descalibrados, arrojé la cámara hacia arriba. La alcanzó a mitad de camino hacia el techo y terminó por incrustársela en la pelada al gerente de ventas del salón. Este último simuló no inmutarse.
-Ellos prefieren que vendamos éstas-, dijo sacando una pequeña cajita similmetal de su bolsillo.
A esa altura la guerra ya era total, de una punta tiraban con latas de película teleguiadas con GPS desde una catapulta improvisada con trípodes atados con alambres. Los otros le interceptaban el recorrido con fotómetros a aguja y se los relanzaban con packs polaroid envueltos en llamas.
-Ah, para fotos familiares-, alcance a responderle mientras pensaba que no era buen día para comprar una cámara fotográfica.
Mientras salía del local alcance a divisar en el fondo como los pixolotls vencedores se fotografiaban entre ellos en un estudio con luz natural, sobre una montaña de cámaras de placa y de formato medio.
Casi en la puerta de cristal rota encontré tirado en un charco un librito de hojas amarillas. Me impactó el subtítulo, por eso lo levanté y lo sequé en mi casa. Aquí, con ustedes los

"Reveladores Especiales de Negativos B/N Sencillos y Económicos"

El revelador de dos o tres componentes

Químicamente hablando, revelar no es más ni menos que reducir las sales de plata memoriosas de haber visto más o menos luz, a óxidos de plata más o menos grises. La misma capa negra que tiñe un anillo o aro de plata, es la que forma la imagen en el negativo.
Los reveladores necesitan dos a tres elementos para que actúen, un agente Re-Velador que saque a la luz la imagen latente en la emulsión, uno que evite que se oxide el agente revelador y otro que lo alcalinice.
Los agentes reveladores son caros, pero se usan en proporciones homeopáticas, con los cual 100 grs. de Metol, Hidroquinona o Fenidona duran una eternidad.
Dos grandes enemigos tienen estos agentes reveladores, aunque estén sin diluir: la luz y la humedad. Guárdelos en envases negros y en lugares secos y tendrá productos químicos eternos.
Pesar tan poca cantidad de químicos no es un problema, si logra adquirir una balanza de pesar cartas.
Todos los tiempos de revelado dados en esta nota son indicativos, al segundo o tercer rollo ya le encontrará el tiempo ajustado para su propia necesidad para el primer revelado conviene hacer una prueba con un rollo corto de unas 10 imágenes en distintas situaciones de luz.

De alta acutancia, Willi Beutler

Solución A
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol ............................................ 10 gr
Sulfito de Sodio............................. 50 gr
Agua hasta completar el litro.

Solución B
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Carbonato de Sodio....................... 50 gr
Agua hasta completar el litro.

Dilución: 1A + 1B +10 Agua. De un solo uso
Tiempos a 20 ºC:
• Películas de ISO 50: 7 min.
• Películas de ISO 100 - 125: 11 min.

De grano fino Windisch, al metol sulfito

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol ........................................... 7,5 gr
Sulfito de Sodio............................. 75 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos a 20 ºC:
• Películas de ISO 100: 15 min.
• Películas de ISO 400: 20 - 25 min.
Rendimiento: 6 rollos, agregando un 10 % de tiempo por cada rollo revelado.

De grano fino D 25, al metol sulfito


Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol............................................ 7,5 gr
Sulfito de Sodio............................ 100 gr
Bisulfito de Sodio........................... 15 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos a 24 ºC:
• Películas de ISO 100: 14 min.
• Películas de ISO 400: 17 - 22 min.
Rendimiento: 8 rollos, agregando un 15 % de tiempo por cada rollo revelado.

Revelador de grano fino, al diaminofenol

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Sulfito de Sodio............................. 30 gr
Diaminofenol.................................... 5 gr
Cloruro de Amonio....................... 150 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos a 20 ºC: 8 min.

Revelador tipo Rodinal, al paraminofenol

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Paraminofenol, clorhidrato............. 10 grs
Metabisulfito de Potasio................ 30 grs
Agua hasta completar el litro.

Una vez enfriada la solución, agregar gotas de Soda Cáustica al 50% hasta que se diluya el precipitado formado.

Dilución: 1:10 a 1:30. De un solo uso
Tiempos a 20 ºC: 8 a 17 min.

Revelador POTA, tipo Technidol, a la Fenidona, de bajo contraste

Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Sulfito de Sodio............................ 30 grs
Fenidona (*)................................ 1,5 grs
Agua hasta completar el litro.

Usar puro inmediatamente después de diluido. De un solo uso.
Revelador para películas de muy alto contraste o escenas de extremo rango tonal (Por ej. escenas nocturnas).

Tiempos a 20 ºC: 12,5 a 15 min.

Revelador de grano fino en dos baños, H. Stoeckler

Solución A
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Metol .............................................. 5 gr
Sulfito de Sodio............................ 100 gr
Agua hasta completar el litro.

Solución B
Agua a 40 - 50 ºC........................ 800 cc
Bórax............................................. 10 gr
Agua hasta completar el litro.

Tiempos en Solución A a 20 ºC
Películas de ISO 50: 3 min.
Películas de ISO 100 - 200: 4 min.
Películas de ISO 400: 6 min.

Tiempos en Solución B a 20 ºC
Películas de ISO 50 - 400: 3 min.

(*) De difícil obtención actualmente en el mercado argentino

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