
Los formatos normalizados de las ampliaciones se han visto alterados a partir de la fotografía digital debido a que los sensores no tienen la misma proporción que el cuadro de 35 mm. La relación que existe entre el sensor o cuadro de película y la copia en papel nos permite saber si se aprovecha totalmente la imagen.
Los formatos de copias en papel se encuentran normalizados en base a dos sistemas, el métrico decimal y el inglés, si bien este último tiende a desaparecer desde el momento que los países anglosajones decidieron adoptar un sistema más racional y sencillo, basado en el metro-patrón, que fue impuesto gradualmente en el mundo por los franceses a partir de la Revolución de 1789.
En los tiempos del daguerrotipo, donde el original era al mismo tiempo la placa de toma, las cosas eran muy sencillas. Estaban la Placa (Full plate) de 16,5 x 21,5 cm, Media Placa (Half plate) de 12 x 16,5 cm, Cuarto de Placa (1/4 Plate) de 8 x 10,5 cm, Sexto de Placa (1/6 plate) de 7 x 8,4 cm y Noveno de Plate (1/9 Plate) de 6 x 7 cm.
La cuestión se complicó cuando se empezaron a utilizar negativos en placas de vidrio que eran positivadas por contacto y —más tarde— por ampliación donde, para tener el mínimo desperdicio se trataba que existiera una relación entre el formato del negativo y la hoja de papel.
En los países con sistema métrico decimal se impusieron los formatos de papel basados en la medida de 9 x 12 cm o Postal, ya que esa era la medida de las placas de uso universal por los profesionales, a partir del cual los papeles eran de 12 x 18 cm o Portrait-cabinet, 18 x 24 cm, 24 x 30 cm, 30 x 40 cm y 50 x 60 cm, con una relación entre ancho y alto entre 1:1,33 y 1:1,25.
En países con sistema inglés se utilizaron formatos comparables basados en la medida de la placa de 4 x 5 pulgadas, siendo las medidas habituales de 8 x 10", 11 x 14", 12 x 15", etc.. En general la proporción entre alto y ancho es de 1:1,25.
De todas maneras, por razones estéticas, los fotógrafos recortan la imagen, es decir, no utilizan el negativo completo sino que es reencuadrado en la copia.
En 1907, Alfred Stieglitz realiza “El Entrepuente”, donde copia el negativo a cuadro entero mostrando el borde negro de la película; pero no es hasta Henri Cartier-Bresson que se impone, como una moda en los fotoperiodistas, la copia completa del negativo.
En general los negativos son reencuadrados porque no es posible ajustar con precisión lo que se quiere mostrar con el ángulo exacto de cobertura del objetivo de la cámara.
Cuando se hacen copias manuales, con una ampliadora, el fotógrafo decide qué sector de la imagen es positivado en el papel. Elevando o bajando el cabezal de la ampliadora, regulando las regletas del marginador y empleando el formato de papel que mejor se adecúa al formato elegido.
En tales casos, esas son decisiones del fotógrafo, sustentadas en razones estéticas o necesidades informativas, estas últimas referidas a lo que la fotografía debe mostrar con un determinado fin. Realmente los formatos de copias pueden ser notablemente variados y de lo que se trata es de que el desperdicio de papel sea mínimo.

El 35 mm, un malentendido
Sabemos que el origen del formato Leica de 24 x 36 mm no obedeció a necesidades fotográficas sinó que estuvo impuesto por el cine, ya que la cámara diseñada por Oscar Barnack estaba destinada a hacer pruebas de iluminación de manera económica, en lugar de tener que exponer varios metros de película. Pero terminó por imponerse en todo el mundo, hasta nuestros días.
El fotograma tiene una proporción entre alto y ancho de 1:1,5 que no se corresponde con ninguno de los formatos clásicos de papel fotográfico. La consecuencia de ello es que en cada hoja, si se quiere copiar todo el cuadro, se desperdicia bastante papel.
En 1947 Minolta presentó la Minolta 35 para película de 35 mm que proporcionaba negativos de 24 x 32 mm, que tiene una proporción más razonable de 1:1,33. Al año siguiente, presentó la Nikon M y, en 1951, la Nikon S con el mismo formato de negativo que fue la primera en ser exportada a los Estados Unidos. Pero en el modelo S2 se llevó el formato del negativo a 24 x 36 mm debido a presiones del importador. Otra cámara del formato 24 x 32 mm fue la Minion 35 de 1948.
Sin dudas era un formato superior ya que cada rollo permitía obtener 40 fotogramas y, además, se aprovechaba la casi totalidad de la imagen cuando se las imprimía en los formatos tradicionales de papel.

Llega el minilab
En la Photokina de 1980 la empresa Kis, hasta entonces fabricante de sistemas “al paso” para la confección de llaves, presentó un equipo modular integrado por impresora-reveladora que define al minilab. Tuvo un notable impacto en el mercado por lo que muchos otros fabricantes diseñaron sus propios equipos bajo ese concepto. Lo cierto es que el minilab, con su sencillez operativa y de servicios, generó una notable difusión de la fotografía color.
Con el minilab, en poco tiempo se impuso un nuevo formato de copias, el 10 x 15 cm, que permite el completo aprovechamiento del negativo de 35 mm debido a que tiene sus mismas proporciones, de 1:1,5. Con el formato de 10 x 15 las fotos dejaron de ser recortadas en sus lados de manera arbitraria.
Otro formato que impuso el minilab es el 20 x 30 cm, que tiene la misma proporción que el 10 x 15, permitiendo también aprovechar la totalidad del cuadro de 35 mm.
Las cámaras digitales
La mayoría de los fabricantes de cámaras digitales, exceptuando a las pocas réflex de cuadro completo que existen, adoptaron la proporción de sensor de 1:1,3. Olympus lo denomina “Cuatro Tercios (4/3) desde el lanzamiento de la E-1 en hace dos años, con un cuadro de 17,4 x 13,1 mm.
De hecho, expresa la proporción de 1:1,3 que, a nuestro juicio, es la más equilibrada entre ancho y alto para las impresiones fotográficas y es, de alguna manera, el regreso al concepto que intentaron imponer Minolta y Nikon ¡Hace nada menos que casi sesenta años con el formato de 24 x 32 mm!
Con las cámaras digitales no se logra en las copias de 10 x 15 cm el total aprovechamiento de cada archivo, pero si es el indicado para los formatos tradicionales de papeles (9x12, 13x18, 18x24, 24 x 30 y 30 x 40 cm).
De todas maneras, en la fotografía digital, la edición en la computadora permite hacer ajustes normalizados de los formatos de manera muy sencilla.

Archivos para hacer impresiones
En las exposiciones de fotografía, en los álbumes, así como en cualquier exhibición de conjuntos de imágenes, la uniformidad en los formatos constituye una tradición fuertemente arraigada que tiene su razón de ser en la búsqueda de la armonía y el equilibrio de las presentaciones.
Es diferente el planteo en los diarios o revistas, así como en diversos medios gráficos (catálogos, afiches, etc), donde las proporciones de las imágenes pueden variar incluso dentro de una misma página sin afectar el equilibrio visual.
En el caso de los álbumes existen además razones prácticas, ya que resultaría engorroso tener que estar cambiando las páginas para ir colocando fotos de distintos formatos. Toda normalización, por lo tanto, se fundamenta tanto en razones estéticas como prácticas.
Ahora bien, si los archivos se envían en un CD o por Internet a un laboratorio comercial para hacer ampliaciones debemos tratar de facilitarle las cosas al operador de la impresora o del minilab, sin obligarle a tomar decisiones respecto al encuadre que no le corresponde hacer.
En primer lugar deberíamos enviar los archivos en el tamaño que deseamos las copias y con la resolución que requiere el dispositivo de impresión. Nuestra experiencia nos indica que entre 180 y 200 ppi se obtiene una excelente calidad de imagen.
Respecto al formato, es obvio que debe ser alguno de los ofrecidos por el laboratorio en base a su listado de precios. Una buena idea es ajustar el tamaño de la foto con el PhotoShop, de tal manera que resulte algo menor que el formato del papel de impresión y, después, llevar el “canvas/lienzo” al formato exacto de la copia. Con ese procedimiento nos aseguramos el encuadre de la imagen, sin riesgo de que sea cortada en algunos de sus lados.
Por último, si enviamos un CD con fotos de distintos formatos para imprimir, lo razonable es colocar cada conjunto dentro de una carpeta, cuya denominación sea justamente el formato en que queremos las copias.
La idea es facilitarle el trabajo al operador y al mismo tiempo obtener las fotos que deseamos, con los encuadres que hemos definido y en el tipo de papel que nos agrada.
Los formatos de copias en papel se encuentran normalizados en base a dos sistemas, el métrico decimal y el inglés, si bien este último tiende a desaparecer desde el momento que los países anglosajones decidieron adoptar un sistema más racional y sencillo, basado en el metro-patrón, que fue impuesto gradualmente en el mundo por los franceses a partir de la Revolución de 1789.
En los tiempos del daguerrotipo, donde el original era al mismo tiempo la placa de toma, las cosas eran muy sencillas. Estaban la Placa (Full plate) de 16,5 x 21,5 cm, Media Placa (Half plate) de 12 x 16,5 cm, Cuarto de Placa (1/4 Plate) de 8 x 10,5 cm, Sexto de Placa (1/6 plate) de 7 x 8,4 cm y Noveno de Plate (1/9 Plate) de 6 x 7 cm.
La cuestión se complicó cuando se empezaron a utilizar negativos en placas de vidrio que eran positivadas por contacto y —más tarde— por ampliación donde, para tener el mínimo desperdicio se trataba que existiera una relación entre el formato del negativo y la hoja de papel.
En los países con sistema métrico decimal se impusieron los formatos de papel basados en la medida de 9 x 12 cm o Postal, ya que esa era la medida de las placas de uso universal por los profesionales, a partir del cual los papeles eran de 12 x 18 cm o Portrait-cabinet, 18 x 24 cm, 24 x 30 cm, 30 x 40 cm y 50 x 60 cm, con una relación entre ancho y alto entre 1:1,33 y 1:1,25.
En países con sistema inglés se utilizaron formatos comparables basados en la medida de la placa de 4 x 5 pulgadas, siendo las medidas habituales de 8 x 10", 11 x 14", 12 x 15", etc.. En general la proporción entre alto y ancho es de 1:1,25.
De todas maneras, por razones estéticas, los fotógrafos recortan la imagen, es decir, no utilizan el negativo completo sino que es reencuadrado en la copia.
En 1907, Alfred Stieglitz realiza “El Entrepuente”, donde copia el negativo a cuadro entero mostrando el borde negro de la película; pero no es hasta Henri Cartier-Bresson que se impone, como una moda en los fotoperiodistas, la copia completa del negativo.
En general los negativos son reencuadrados porque no es posible ajustar con precisión lo que se quiere mostrar con el ángulo exacto de cobertura del objetivo de la cámara.
Cuando se hacen copias manuales, con una ampliadora, el fotógrafo decide qué sector de la imagen es positivado en el papel. Elevando o bajando el cabezal de la ampliadora, regulando las regletas del marginador y empleando el formato de papel que mejor se adecúa al formato elegido.
En tales casos, esas son decisiones del fotógrafo, sustentadas en razones estéticas o necesidades informativas, estas últimas referidas a lo que la fotografía debe mostrar con un determinado fin. Realmente los formatos de copias pueden ser notablemente variados y de lo que se trata es de que el desperdicio de papel sea mínimo.
El 35 mm, un malentendido
Sabemos que el origen del formato Leica de 24 x 36 mm no obedeció a necesidades fotográficas sinó que estuvo impuesto por el cine, ya que la cámara diseñada por Oscar Barnack estaba destinada a hacer pruebas de iluminación de manera económica, en lugar de tener que exponer varios metros de película. Pero terminó por imponerse en todo el mundo, hasta nuestros días.
El fotograma tiene una proporción entre alto y ancho de 1:1,5 que no se corresponde con ninguno de los formatos clásicos de papel fotográfico. La consecuencia de ello es que en cada hoja, si se quiere copiar todo el cuadro, se desperdicia bastante papel.
En 1947 Minolta presentó la Minolta 35 para película de 35 mm que proporcionaba negativos de 24 x 32 mm, que tiene una proporción más razonable de 1:1,33. Al año siguiente, presentó la Nikon M y, en 1951, la Nikon S con el mismo formato de negativo que fue la primera en ser exportada a los Estados Unidos. Pero en el modelo S2 se llevó el formato del negativo a 24 x 36 mm debido a presiones del importador. Otra cámara del formato 24 x 32 mm fue la Minion 35 de 1948.
Sin dudas era un formato superior ya que cada rollo permitía obtener 40 fotogramas y, además, se aprovechaba la casi totalidad de la imagen cuando se las imprimía en los formatos tradicionales de papel.
Llega el minilab
En la Photokina de 1980 la empresa Kis, hasta entonces fabricante de sistemas “al paso” para la confección de llaves, presentó un equipo modular integrado por impresora-reveladora que define al minilab. Tuvo un notable impacto en el mercado por lo que muchos otros fabricantes diseñaron sus propios equipos bajo ese concepto. Lo cierto es que el minilab, con su sencillez operativa y de servicios, generó una notable difusión de la fotografía color.
Con el minilab, en poco tiempo se impuso un nuevo formato de copias, el 10 x 15 cm, que permite el completo aprovechamiento del negativo de 35 mm debido a que tiene sus mismas proporciones, de 1:1,5. Con el formato de 10 x 15 las fotos dejaron de ser recortadas en sus lados de manera arbitraria.
Otro formato que impuso el minilab es el 20 x 30 cm, que tiene la misma proporción que el 10 x 15, permitiendo también aprovechar la totalidad del cuadro de 35 mm.
Las cámaras digitales
La mayoría de los fabricantes de cámaras digitales, exceptuando a las pocas réflex de cuadro completo que existen, adoptaron la proporción de sensor de 1:1,3. Olympus lo denomina “Cuatro Tercios (4/3) desde el lanzamiento de la E-1 en hace dos años, con un cuadro de 17,4 x 13,1 mm.
De hecho, expresa la proporción de 1:1,3 que, a nuestro juicio, es la más equilibrada entre ancho y alto para las impresiones fotográficas y es, de alguna manera, el regreso al concepto que intentaron imponer Minolta y Nikon ¡Hace nada menos que casi sesenta años con el formato de 24 x 32 mm!
Con las cámaras digitales no se logra en las copias de 10 x 15 cm el total aprovechamiento de cada archivo, pero si es el indicado para los formatos tradicionales de papeles (9x12, 13x18, 18x24, 24 x 30 y 30 x 40 cm).
De todas maneras, en la fotografía digital, la edición en la computadora permite hacer ajustes normalizados de los formatos de manera muy sencilla.
Archivos para hacer impresiones
En las exposiciones de fotografía, en los álbumes, así como en cualquier exhibición de conjuntos de imágenes, la uniformidad en los formatos constituye una tradición fuertemente arraigada que tiene su razón de ser en la búsqueda de la armonía y el equilibrio de las presentaciones.
Es diferente el planteo en los diarios o revistas, así como en diversos medios gráficos (catálogos, afiches, etc), donde las proporciones de las imágenes pueden variar incluso dentro de una misma página sin afectar el equilibrio visual.
En el caso de los álbumes existen además razones prácticas, ya que resultaría engorroso tener que estar cambiando las páginas para ir colocando fotos de distintos formatos. Toda normalización, por lo tanto, se fundamenta tanto en razones estéticas como prácticas.
Ahora bien, si los archivos se envían en un CD o por Internet a un laboratorio comercial para hacer ampliaciones debemos tratar de facilitarle las cosas al operador de la impresora o del minilab, sin obligarle a tomar decisiones respecto al encuadre que no le corresponde hacer.
En primer lugar deberíamos enviar los archivos en el tamaño que deseamos las copias y con la resolución que requiere el dispositivo de impresión. Nuestra experiencia nos indica que entre 180 y 200 ppi se obtiene una excelente calidad de imagen.
Respecto al formato, es obvio que debe ser alguno de los ofrecidos por el laboratorio en base a su listado de precios. Una buena idea es ajustar el tamaño de la foto con el PhotoShop, de tal manera que resulte algo menor que el formato del papel de impresión y, después, llevar el “canvas/lienzo” al formato exacto de la copia. Con ese procedimiento nos aseguramos el encuadre de la imagen, sin riesgo de que sea cortada en algunos de sus lados.
Por último, si enviamos un CD con fotos de distintos formatos para imprimir, lo razonable es colocar cada conjunto dentro de una carpeta, cuya denominación sea justamente el formato en que queremos las copias.
La idea es facilitarle el trabajo al operador y al mismo tiempo obtener las fotos que deseamos, con los encuadres que hemos definido y en el tipo de papel que nos agrada