¿Como fue la experiencia de intercambio entre la Escuela de Arles y la Escuela Argentina de Fotografía?
Estoy fascinado por la ciudad, por el recibimiento y la relación con la gente de la Escuela. Es mi primera vez en Buenos Aires.
Creo que la Escuela de Arles da un título y genera posibilidades que son superiores. Una de las principales diferencias es que allá, en los tres años que dura la carrera, hay un desarrollo centrado en el trabajo personal del alumno, no en la técnica, porque para entrar a Arles hay que tener conocimientos mientras que acá no.
Para entrar a Arles se deben presentar dos portfolios, uno libre y otro con una temática. Es muy difícil ser aceptado, entonces quienes empiezan ya tienen un recorrido hecho de varios años, y saben que se quieren dedicar a la fotografía artística.
¿Cuando se reciban van a poder vivir del mercado del arte?
Se hacen estadísticas para ver cómo se desarrollan los alumnos y todos los que se gradúan trabajan en fotografía.
La mitad de ellos sigue trabajando con su propia obra. Un cuarto, además de seguir con su obra, acepta trabajos por encargo pero siempre desde el lado artístico. Algunos se siguen perfeccionando haciendo doctorados, masters. Otros se dedican a curaduría, restauración, conservación de fotografía antigua.
Además en Arles se les otorga a los alumnos un nivel teórico importante, de filosofía y diferentes ramas del arte, entonces algunos se dedican a la crítica de fotografía.
¿Cuáles son los desafíos actuales de la enseñanza de fotografía cuando, obviamente, hay tanta más información disponible que antes?
Esto es una opinión personal. Con la cantidad de información que hay hoy en día es difícil conocer todo, no se llega a conocerlo. Lo interesante es que en Arles hay seis profesores principales, que son los que se ocupan de redacción, filosofía, de lo artístico, con personalidades muy diferentes; entonces se complementan para entregar lo que cada uno elige. Yo trabajo en clase con los alumnos aquellos artistas que más me interesan.
La capacidad del docente está en saber acerca de su ignorancia. Los alumnos me enriquecen y me enseñan cosas. Tratamos de armar la obra personal como un trabajo conjunto.
Además, cada profesor puede invitar entre tres y cuatro personalidades de la cultura al año. Entonces recibimos como veinte invitados muy reconocidos entre filósofos, fotógrafos, etc. Esto es muy importante
Por otra parte, los jefes de taller se dedican a las cosas más técnicas: laboratorio blanco y negro, color. Y durante el primer año hay algunas clases técnicas obligatorias.
Foto: Florencia Madrigal /Gentileza Cedip CCR.
Ayer dio una charla sobre el arte y el sistema del arte, ¿podría marcar los puntos principales?
Mi opinión y el consejo que le doy a mis alumnos, y que yo trato de mantener, es estar siempre muy consciente y muy fiel a sus ideas si uno decide trabajar dentro del mercado del arte.
Las entidades oficiales que exponen arte tienden a usar al artista para promocionarse y éstos quedan relegados a un segundo plano.
Con respecto al entorno privado, las galerías, en mi experiencia, son como una pareja. Van a trabajar a lo largo del tiempo y la galería va a seguir y a entender la obra, será paciente con el trabajo del artista. Muchas veces es difícil conseguir que esa sociedad funcione.
La película argentina “El artista”(*), trata de la relación artista - galerista. En un momento el galerista le dice al artista, “tenés que producir más porque hay una exposición”... el galerista no está respetando los tiempos y el espacio del artista.
Este respeto es muy importante para que la obra siga siendo arte y no un producto... La diferencia entre la producción y la forma artística es que el trabajo del artista no está ligado a la cantidad.
Si un artista decide generar productos, está bien, pero debe ser consciente de que le está vendiendo su alma al diablo y de que se está separando de la historia del arte.
¿Qué es una obra de arte?
Para mí, es algo que ves y te preguntás qué es, algo que no se puede nombrar.
¿Porque es algo absolutamente nuevo?
No por lo nuevo en sí mismo, sino por encontrarnos frente a algo que nos choca por ser completamente diferente de lo que nos rodea cotidianamente. Nos genera una duda, positiva o negativa....
Te cuento una metáfora: un monstruo es un monstruo siempre y cuando no lo veamos. Si lo vemos, deja de serlo porque lo podemos nombrar y relacionar. La obra de arte es exactamente lo contrario: tenemos una relación auditiva o visual con la obra pero no la podemos nombrar, y nos genera preguntas que quizá nunca nos hubiéramos hecho si no nos la hubiéramos cruzado. Para mí es una de las cosas más importantes.
Tiene que haber un trabajo muy importante del espectador, que sea curioso, que conozca el trabajo anterior del artista, qué fue lo que hizo para llegar a esa obra.
Por ejemplo, si un artista me gusta y de repente me encuentro con una obra que me parece mala, voy a ser paciente, porque los artistas tienen momentos mejores y peores.
Usted es profesor, teórico y artista. ¿Cual de estas facetas prioriza?
Es una melange. Utilizo mis conocimientos teóricos para dar clases y para mi trabajo personal y todo se va mezclando constantemente. Todas las facetas se retroalimentan.
¿Podría vivir de su trabajo como artista?
No. Mi trabajo personal me permite viajar, pagar ciertas instalaciones porque hice cosas muy caras. Pero en estos 35 años, como artista no podría haber mantenido una familia.
Quizá es culpa mía por no hacer concesiones. Trabajé durante 10 años con una galería, pero cuando cambié el rumbo de mi trabajo y la galería me dijo que debía mantenerme en mi trabajo anterior porque estaba funcionando, dejé de trabajar con ellos.
¿Qué mensaje les dejaría a los lectores?
Que es muy importante aprender a ver las imágenes de otras personas y el propio trabajo personal. Cada cosa que hay en la imagen tiene un sentido.
Una de las grandes falencias de los artistas es que no se preguntan qué imagen le están dando al espectador. Los artistas hacen la obra para ellos mismos y luego, cuando las van a mostrar a las personas… ¿Qué están dando? ¿Cómo va a ver la obra el espectador?
Eso es un poco complicado. ¿Cómo va a producir la obra pensando en el público?
No. La intención del autor es personal. Y tiene que pensar que si para él hay mucho sentimiento, el espectador no va a tener esos sentimientos.
O sea, usted no cree en que el Arte sea una comunicación desde el inconsciente del autor al inconsciente del espectador.
Las relaciones no son siempre las mismas. Las conexiones, o están muy cerca de lo real, como en el fotoperiodismo, o nos separamos de lo real y encontramos fotografías que son puestas en escena, justamente del inconsciente del autor.
La complejidad de una puesta en escena es grande, pero cuando el espectador ve la obra, no piensa lo mismo que pensó el artista cuando la hizo. Hay que prestar mucha atención, no hacer propuestas muy herméticas. Hay que generar una obra que tenga ciertas llaves para que el espectador pueda entrar en la historia que está contando la foto, que sienta la intención o a donde el artista lo está llevando. Después el espectador hará lo que quiere con la obra.
Es al mismo tiempo un placer enorme y también una sorpresa que genera dudas.
La diferencia entre una fotografía de arte y una ilustración es que en la ilustración está el placer a la vista... pero no hay ningún enigma a resolver, entonces dura poco tiempo. Mientras que una obra de arte genera preguntas y dudas todos los días. Una fotografía de Man Ray nos sigue generando preguntas y dudas hasta el día de hoy.
¿Algo que quiera agregar?
Ya dije bastantes cosas. Hay algo personal: tengo dos nombres: Jean Luc Fournier y Jean Luc Amand Fournier. Fournier hay muchos en Francia y Jean Luc también. Pero Amand es mi segundo nombre, es el nombre de mi padre. Entonces, como artista uso Jean Luc Amand Fournier....
Me enamoré de Buenos Aires. Vengo por primera vez en el rol de profesor y me gustaría volver como artista.
(*) Se refiere al film dirigido por la dupla Mariano Cohn y Gastón Duprat, estrenada en 2008 y que ha participado en diversos festivales internacionales.
Sobre el entrevistado
Nació en Montpellier, Francia, en 1949 y desde 1998, es profesor y coordinador en L’ Ecole Nationale Superieure de la Photographie de Arles. Desde fines de los ‘70 desarrolla un trabajo personal, utilizando como elementos principales la fotografia pero también el dibujo, la pintura y la escritura. Luego de iniciar las gestiones para retirarse de la enseñanza oficial, decide dedicarse plenamente a su obra, aplicando más que nunca el principio de Robert Filliou: “El arte es lo que vuelve a la vida más interesante que el arte”.