No hablaré de mi obra, sino simple y modestamente de mi experiencia de cuarenta años como fotógrafa.
Creo que sólo a partir de fines de los años 70, el vínculo fotografía-memoria se hizo muy fuerte en dos sentidos; uno de naturaleza inmediata (saco una fotografía y un instante después ya es memoria) y uno de naturaleza más histórica, documental: fotografío esos lugares, esas personas, esos personajes porque un día desaparecerán y quiero que permanezca el testimonio. Creo que fotografiando se trabaja de cualquier modo para la historia, aun aquella más minúscula e insignificante.
La tienda del zapatero. Las Varillas (Córdoba), 1991
Primero explicamos a los lectores que fue "El mundo de los vencidos" y después respondo tu pregunta.
Marguerite Yourcenar. Venezia (Italia), 1982."Imágenes del Mundo de los vencidos" es un libro fotográfico del que existen tres ediciones, una de las cuales es en castellano. La primera salió en 1978, fruto de una investigación que realicé en la parte más pobre de la provincia de Cuneo, Piamonte, inspirándome en un esplendido libro de Nuto Revelli que denunciaba la lenta, inexorable muerte de la civilización campesina –con el total desinterés de las instituciones– en una de las zonas más industrializadas del Norte de Italia.
A tu pregunta sobre qué vínculo he podido establecer entre memoria-identidad-pertenencia responderé así: soy piamontesa, nacida en Turín y criada en una familia que no tiene origen campesino, y cuando era niña tuve escaso contacto con el mundo rural. Pertenezco a aquella generación que fue joven en los años '70, los años del movimiento estudiantil y de las posiciones contestatarias, y que ha buscado sus propios antepasados, desde el punto de vista ideológico, en la cultura campesina y obrera.
Como fotoperiodista, en los inicios de los '70, he viajado a África y a América Latina, y, sin embargo, cuando inicié mi investigación no tenía idea de que el "Tercer Mundo" estuviese también a las puertas de Turín. Pero a medida que llevaba adelante mi trabajo, nacía dentro de mí una gran rabia: deseaba que de esos lugares, esas caras, esas aldeas, esos instrumentos del trabajo, así como lo había visto yo, quedase un testimonio visual. Mi deseo de restituir dignidad a aquel mundo agonizante, a esos campesinos que nadie ha querido acompañar en la historia como protagonistas. Esta es, entonces, la relación que he podido establecer entre memoria e identidad.
Svjatoslav Richter. Roma (Italia), 1991.
En cuanto a la pertenencia con aquel mundo ha sido de tipo sentimental pero también de tipo regional, tan importante para nosotros los italianos y tan difícil de entender para ustedes, los extranjeros. Nuestra península fue por tantos siglos dividida y poseída por diferentes potencias extranjeras dominantes. El Piamonte —excepto por una brevísima dominación francesa— fue la única región que se mantuvo siempre autónoma y a mitad del '800 fue la principal artífice de la unidad nacional. El mismo Primo Levi en una entrevista del 1985 afirmó con absoluta naturalidad: "Mi patria es aquí en Piamonte".
Federico Fellini en Cinecittà (Roma), 1992.
Por haber vivido 35 años lejos del Piamonte he sentido en cierto punto de mi vida el deseo de indagar sobre las historias de otros piamonteses que se habían ido mucho más lejos que yo y para siempre. Fue así que elegí el tema de la emigración a la Argentina. La idea me surgió cuando expuse en la Fotogalería del Teatro San Martín, gracias a Sara Facio, su directora de entonces, "El Mundo de los vencidos" en Buenos Aires en 1984. Quedé impresionada por la gran afluencia de visitantes de origen piamontés.
Salvador Gilli con su hija Gloria. Las Varillas (Córdoba), 1990
Esta gente reconocía el lugar del que habían partido, los abuelos o los padres, y traían a mi imaginación recuerdos de relatos oídos en la infancia, hacían muchas preguntas y mostraban un compromiso emotivo que iba mucho mas allá de la fotografía; era un buscar las propias raíces, a menudo acompañado de una nostalgia acuciante por un mundo lejano, desconocido al fin, pero total e incondicionalmente amado. Así comencé a trabajar sobre la emigración piamontesa en vuestro país. Primero en Buenos Aires, después en Córdoba, Rosario y Santa Fe, en la llamada pampa gringa.
Casa de Battista Perona. Costabella di Roccasparvera (1008 m), Bajo Valle Stura (Piamonte, Italia), septiembre de 1977.
Creo que te referís al libro que he publicado con Giovanna Borgese en 1992: "Mi pare un secolo", el subtítulo es "Retratos y palabras de 106 protagonistas del '900". Hemos fotografiado a los "grandes ancianos", testimonio de la historia europea del siglo XX, desde Fellini hasta Yourcenar, de Ionesco a Gadamer, de Levi-Strauss a Menuhin, de Gombrich a Richter y a cada uno de ellos le hemos hecho dos preguntas sobre el siglo.
Baile en la sede de la Società Italiana. Vila (Córdoba), 1990.
Imágenes y palabras han construido así un testimonio de primera mano para la historia y las costumbres del "siglo breve" como lo ha definido Eric Hobsbawm. Mirando, fotografiando, escuchando a aquellas personas nos hemos dado cuenta de cómo, en casi todos, dominaba la imagen de una terrible fase histórica en la cual las dos guerras mundiales, los regímenes totalitarios, las guerras civiles, las persecuciones raciales, el exilio forzado, las desilusiones seguidas a períodos de grandes esperanzas, después de la guerra de liberación, después de la Resistencia, con la caída de todas las utopías e ideologías, han marcado profundamente la vida y las opciones de cada uno.
El libro quiere ser un elogio a la vejez. Los hombres y las mujeres nacidos en los albores del '900 han madurado, generalmente, al través de los desordenes históricos a menudo vividos en primera persona, un extraordinario temple moral e intelectual. Y merecen respeto porque estuvieron resueltos a conservar, con su intacta voluntad de hacer, una profunda fe en la vida.
Hoy, de las 106 personalidades retratadas, quedan vivos menos de una decena.
Fortunata, Alta Langa (Piamonte, Italia), noviembre de 1977.
Tengo la sensación que todos los pueblos conservan una memoria breve de los eventos históricos que le han precedido. En Italia, enseguida después de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos democristianos hicieron de todo para hacer olvidar la Resistencia contra el nazifascismo así como hizo Berlusconi, que durante muchos años no participó a las celebraciones del 25 de abril, fecha que en Italia conmemora la liberación del enemigo. Sin embargo, la memoria de ciertos eventos sobrevive mucho tiempo, como un daño no curado, y el mismo intento de extinguirla la vuelve más vital.
En lo que respecta al tema de la emigración, la misma falta de memoria de parte de los italianos me golpea hoy como nunca, cuando muchos habitantes del Tercer Mundo y de Europa Oriental, provenientes de realidades no muy diferentes a nuestra vieja sociedad campesina, se vuelcan al norte rico del mundo.
Nuestros jóvenes ignoran como, para sus antepasados, fueron similares la fatiga del trabajo en un país extranjero, la maldición de las guerras, la falta de derechos de las mujeres, y las condiciones de explotación de la infancia. Y son incapaces de acoger a quienes son menos afortunados que otros, atrincherándose tras una especie de miedo, desconfianza y prejuicio por los "distintos", que es la antecámara del racismo.
La experiencia de la que hablas se inició cerca de la mitad de los '90 y me ha comprometido hasta el día de hoy. Por lo que tiene que ver con mi memoria individual-familiar, debo especificar qué parte de ella es una memoria más colectiva e histórica, porque mi padre ha sido uno de los protagonistas de la Resistencia en el Piamonte, una figura emblemática de una época política y cultural que lo vio comprometido con la difícil construcción de una nueva clase dirigente para una Italia democrática. De él, Norberto Bobbio, que fue su amigo de toda la vida, ha escrito: "De las personas que he conocido, a Giorgio Agosti le pertenece el pleno derecho al "castillo noble" al que he dado el nombre de "Italia civil".
Martino Giordana, llamado Martin del Torc, Caudano di Stroppo (1129 m), Alto Valle Maira (Piamonte, Italia), diciembre de 1977
Pero vayamos en orden y comencemos por la memoria familiar que más tiene que ver con mi profesión. Descubrí el archivo fotográfico de un tío abuelo mío que, entre 1910 y 1920 fue un "amateur" muy activo. Médico psiquiatra, Francesco Agosti, nació en 1883 en Ivrea y murió en 1971 en Turín, cultivó la pasión por la fotografía ligándola a sus intereses artísticos y a la relación con los pintores de su tiempo. Fue uno de los mayores exponentes de este arte en su región, siempre muy involucrado en las vicisitudes del Grupo Piamontés por la fotografía artística. Participó con éxito en numerosas exposiciones en Italia, Paris, Bruselas, Londres, Madrid, Estocolmo, Praga, Seattle, Montevideo, Tokio, Osaka y Giava (Indonesia). Desde 1931 no realizó más exposiciones por rehusarse a adherir al nuevo curso impuesto por el régimen fascista.
Su obra fue completamente olvidada aun en la familia. Su mujer, en el año 2000, a la edad de 109 años, poco antes de morir, me donó más de 1500 copias originales. En los años siguientes pude hacer conocer su obra publicando dos libros y exponiendo sus imágenes en Italia y en el exterior.
En lo que respecta a mi padre, he curado en 2003 una muestra dedicada a él. Curé también un libro que recorre su correspondencia con los familiares. Con Camilla Bergamaschi utilizamos las cartas que de 1916 a 1988 mi padre había escrito a sus padres, a su esposa, a sus hijos y a otros familiares. El libro salió acompañado por más de 30 fotografías que lo registraban desde los dos hasta los 80 años de edad. Mi hermano, historiador, había curado la publicación del diario de 1946 a 1988, pero a mí me interesaba más reconstruir su vida, su personalidad, su empeño político y cultural "interno". Todo eso me ha hecho reflexionar sobre cuanto los carteos pueden ayudar a reconstruir la memoria que dejamos a aquellos que vendrán después de nosotros.
¿Qué cosa dejaremos para leer a nuestros hijos en la época de los e-mail y del sms? Tal vez en el futuro serán solo las imágenes fotográficas y cinematográficas que ayudarán a reconstruir nuestra historia familiar. En 2007 he curado un libro fotográfico dedicado a la memoria de mi padrino y de su familia. Es una historia individual que, dados los eventos históricos extraordinarios, deviene Historia con la hache mayúscula. Se titula "La hiedra y el olmo".
Imagino que seguiré todavía con el tema de la memoria. A esta altura, vista la edad importante a la que he llegado, me gustaría comenzar a trabajar sobre mis propias memorias, hojeando las planchas de contacto de mi archivo desde 1969 hasta ahora. En blanco y negro hay cerca de 300 mil negativos y cerca de 40 mil diapositivas a color. Pero en el color no pienso nunca. Es como si no me perteneciera: la memoria para mi es sólo en blanco y negro. Amo mucho combinar fotografía con escritura, siempre lo he hecho y me gustaría continuar.
Fotomundo 506 (Febrero 2011)