Entrevista Silvia Mangialardi Fotos: Elda Harrington
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Nacido en 1947 en París, Rousse es un artista que se autodefine como pintor, fotógrafo y arquitecto. Sus intervenciones en edificios abandonados, donde genera un espacio pictórico que es fotografiado, le han permitido obtener el reconocimiento internacional como una nueva manera de crear. Su primera exposición la realizó en París en la Galerie de France, en 1981. El 1993 le fue otorgado el Premio Nacional de la Fotografía y desde 2008 es Miembro de la Academia Real de Bélgica. Es representado por galerías europeas y sus obras forman parte de importantes colecciones. Recientemente participó del Festival de Paraty, donde fue entrevistado por Fotomundo.

 

Georges Rousse, fotografía, espacio arquitectónico y pintura
¿Cómo comenzó tu interés por la fotografía?

Se remonta a cuando era chico. Primero aprendí a revelar, a hacer contactos en blanco y negro y ahí encontré toda la magia, todo el misterio de la fotografía. Desde entonces, quise hacer fotos.

En el camino desde mi casa hasta la escuela, cuando vivía en Niza, había cinco negocios de fotografía. Uno vendía Leica y tenía en la vidriera el Noctilux, un objetivo que permite tomar fotos en plena noche… eso me fascinó, y la mecánica de las cámaras fotográficas también.

Estabas estudiando medicina cuando decidiste dejar, porque la fotografía te había fascinado. ¿Qué fue lo que te atrajo tanto?

En ese momento me fascinó intentar tener un proyecto, una búsqueda personal con la fotografía y hacer de eso mi profesión. Quería ser fotógrafo profesional de arquitectura, publicidad, industria, trabajar con la cámara.

¿Lo hiciste?

Si, abrí un estudio en Niza en el que hacíamos fotos de arquitectura, publicidad… Y el fin de semana con mi esposa íbamos a la montaña y tomábamos fotos de paisajes.

¿Cómo te formaste?

Con un fotógrafo en Niza, antes de instalarme por mi cuenta. En ese momento, las escuelas de arte no enseñaban fotografía, no había escuelas de fotografía. Ya trabajaba y la escuela de Arles todavía no existía. … recién estaban empezando los primeros Encuentros de Arles (1)

Al principio hacía paisajes, fotos urbanas, gente en las ciudades, arquitectura, esas eran mis fotos personales. Arquitectura en ruinas siempre. Estaba bajo una especie de influencia americana, por ejemplo Ansel Adams, Edward Weston, Edward Steichen.

¿Cómo llegaste a las instalaciones?

Por iniciativa de mi esposa nos fuimos a Paris. Ahí estuve obligado a cambiar todo: mi modo de vida, de trabajo… París no es como Niza.

Cuando llegamos se inauguraba el Centro Pompidou (2). Y la exposición de (Kazimir) Malevich fue un terremoto para mí porque él, después de haber pasado por la pintura clásica, el cubismo, el post impresionismo, el collage y estando en el movimiento Dadaísta, pintó el cuadrado “blanco sobre fondo blanco”. Ahí fue cuando comencé a apasionarme verdaderamente por la pintura y su historia, la historia del arte. El pasado, pero también el presente. Quería saber qué podía existir después del “cuadrado blanco sobre fondo blanco”. Descubrí el arte contemporáneo y sobre todo el Land Art, que permite hacer una acción en el paisaje y relatar esta instalación a través de la fotografía.

Con el Land Art descubrí que podía actuar dentro del campo fotográfico. Entonces enseguida intenté armar instalaciones. Pero no me conformé con mis resultados. La primera fue una reproducción ampliada de “Las señoritas de Avignon” (3) sobre una pared de un lugar abandonado. Tomé una foto e inmediatamente ví que había una relación muy fuerte entre el espacio en ruinas y la pintura. Ese fue el punto de partida. A partir de entonces intervengo todos los espacios abandonados que encuentro.

En tus primeras fotografías había un referente de la realidad, que en las actuales ya no existe.

Para mí, siempre estoy fotografiando lo real.

Sin embargo, miré cuidadosamente tu instalación desde todos los ángulos posibles y, por supuesto, desde donde vos lo indicabas. Aun sabiendo la foto que quería ver, no la encontraba. Cuando levanté la cámara, apareció. O sea, la cámara crea la imagen que en la realidad no puede verse, la obra se arma sólo a través de la cámara.

Es verdad, pero no tanto.

Muy a menudo, cuando el lugar es muy pequeño y no tengo espacio para retroceder, uso un gran angular para la instalación y para la imagen final, que deforma la perspectiva, la amplifica, la acelera. El gran angular tiene un campo de visión mayor que el nuestro. A veces, la instalación es realmente abstracta, sólo puede existir a través de la cámara.

Eso es lo impactante, que no existe salvo que uno levante la cámara. ¿Cómo fue haber invertido este concepto de la fotografía?

Pero no siempre, depende del lugar, de las condiciones.

Primero hago un reconocimiento fotográfico de los lugares, elijo espacios en los que haya una arquitectura fuerte e, inclusive, complicada, donde la incidencia de la luz sea muy interesante. Luego diseño ese espacio, hago bocetos y dejo que la imaginación continúe el proyecto.

Pero al mismo tiempo es una totalidad. Cuando hago un proyecto intervienen muchos diseños anteriores, integro fotos de distintos lugares que tienen que ver más con el cuestionamiento del artista que con la realidad. Entonces se establece una interferencia de muchas propuestas que desarrollé y de otras que no pude realizar.

Cuando tengo que preparar una instalación llega todo eso al mismo tiempo. Elijo el proyecto que me resulta más apasionante en relación a lo novedoso, a la arquitectura.

Georges Rousse, fotografía, espacio arquitectónico y pintura
¿Sabés mucho de óptica y de matemáticas?

No. Yo me veo más como un arquitecto que como un físico o un matemático, para mí lo más importante es la relación con el espacio. Entro en el lugar y dibujo mi proyecto, sin computadora, sin matemática, sin cálculos. Como los pintores renacentistas.

No hago ilustraciones de la historia del edificio que, en general, ya perdió toda función, es como una tela blanca para el pintor. Son sólo paredes con la luz del día.

Entonces, parto de una imagen de dos dimensiones, diseño un proyecto en dos dimensiones y luego, cuando estoy en el espacio, se vuelve tridimensional. En la cámara fotográfica profesional que uso se ve la imagen invertida sobre un vidrio esmerilado. A través de la cámara se organiza otra dimensión. Traslado al espacio, ya sea grande o pequeño, los puntos diseñados en mi cámara fotográfica, por ejemplo un círculo, y hago idas y vueltas del visor de la cámara al lugar, hago una cruz en el espacio y vuelvo a la cámara. Así, el proyecto que había sido imaginado plano, adquiere una dimensión que resulta de las idas y vueltas y se transforma en un volumen en sí mismo.

¿En estas idas y vueltas, hacés el proceso inverso del de la cámara oscura?
Si
Es una inversión de lógica muy difícil.

Tengo que decir que era muy bueno en matemáticas en la escuela, eso ayuda a ver el espacio y a ver al revés también.

¿Desde cuándo hacés este tipo de trabajo?

Ya hace 25 años que trabajo en lugares abandonados. Al principio eran cosas bastante simples, personajes pintados sobre las paredes, como grafitis pero más elaborados.

Como artista, no podía empezar con “Cuadrado blanco sobre fondo blanco”, entonces empecé desde lo opuesto, con la pintura expresionista, figurativa, para intentar llegar progresivamente a hacer algo tan perfecto como el “Cuadrado blanco sobre fondo blanco”.

Georges Rousse, fotografía, espacio arquitectónico y pintura

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

En pocos días voy a trabajar a Eidenberg en Alemania y cuando vuelvo voy a Ramallah, Palestina. En noviembre tengo dos exposiciones en París, una en una galería en relación al Mois de la Photo, este año la MEP (Casa Europea de la Fotografía) vincula su colección con galeristas. Y otra en una galería chica donde voy a mostrar diseños y copias fotográficas en tamaños más chicos.

Siempre con este método.

Si, son diseños de proyectos que intento desarrollar.

¿Trabajás solo o con ayudantes cuando hay tareas muy grandes, como cortar paredes, pintar, etc.?

Durante bastante tiempo trabajé solo. Hace algunos años, me ayudan estudiantes de arquitectura o de Bellas Artes. No es un equipo constituido, es gente de los países en los que trabajo. A menudo trabajo con “jóvenes en dificultades” o sea que corren riesgo de ser encarcelados. No están en la cárcel porque son menores, pero están en situación de riesgo. Realizamos juntos una decena de instalaciones. Ellos me ayudan a hacer la instalación, mi idea es sacarlos de la institución represiva en la que están.

Cuando me invitaron a Houston, me dije “Hay que pagarles alojamiento y comida para que estos jóvenes vengan conmigo”. Y fuimos a trabajar a Houston durante 15 días. La institución pagó el viaje y FotoFest el hotel, la comida y los materiales para mi instalación.

¿Qué pasa con esos chicos después de vivir una experiencia tan intensa?

Son jóvenes que en general no fueron a la escuela, no conocen el oficio, no saben de Bellas Artes ni de fotografía. Así que durante una semana nos conocemos, trabajamos y vivimos todos juntos. Progresivamente, cuando ven que se va armando la instalación, comienzan a apropiarse del trabajo. Los medios de comunicación se interesan en ellos, los periodistas vienen a ver cómo trabajan conmigo, les hacen reportajes y ellos se ven obligados a reformular sus reacciones, lo que piensan. Por ejemplo cuando llegaron a Houston eran muy críticos y al final lloraban y no querían irse.

¿Cómo se te ocurrió trabajar con estos chicos? Esta experiencia debe cambiarles la vida para siempre

En Lyon, Francia, me encontré con una persona que trabajaba con ellos. Me llamó y me ofreció que fuera a darles una charla. Quería mostrarles cosas diferentes. Yo propuse que hiciéramos una instalación.

El instituto es como un gran colegio, un poco represivo, con un gran parque. En el fondo del parque había una colonia penitenciaria para niños, abandonada, que había estado a cargo de unas monjas. Pensé: “vamos a trabajar acá”. Y fue realmente formidable.

¿Alguna vez te dedicaste a la docencia?
No.
Debe hacer mucha gente que quiere trabajar con vos.

Si. Estuve trabajando en Alemania y me relacioné con una asociación en la que hay jóvenes de origen nord-africano que tienen problemas para integrarse al sistema alemán. Con ellos hicimos una instalación en la fábrica Oppel, cerca de Frankfurt.

Me refería a que debe haber muchos artistas que quieren trabajar con vos, que quieren aprender tu método.

Sí, hay muchos estudiantes que quieren hacer maestrías, pero no puedo contemplar esas demandas porque estoy de viaje más de la mitad del año.

¿Crees que lo que hacés se puede transmitir?

Sería posible, pero es bastante complicado, los estudiantes no son tan corajudos o dinámicos como yo. Hace tiempo que busco un estudiante en algún lugar del mundo que me asista, pero delego muchas cosas y no encuentro estudiantes que vean lo que veo yo, o que se sientan capaces de asumir y prever todas las dificultades que pueden encontrarse en la realización de un proyecto importante y sostenerlo hasta el final.

El estadio final es la fotografía, hay que encontrar un estudiante que tenga en cuenta la toma fotográfica con mis exigencias.

Creo que se puede encontrar gente que sepa mucho de fotografía, con gran sensibilidad para la luz y el espacio, pero me parece casi inverosímil esta posibilidad de plasmar en tres dimensiones una obra que va a ser en dos, que mucha gente se esfuerza por ver y no se puede ver, salvo que uno levante la cámara.

¿Conocés a alguien que haga algo parecido a lo que haces vos?

Vik Muniz, quizá, aunque es un poco diferente. Él tiene procedimientos distintos, pero usa el mismo principio de la anamorfosis (4). Hace personajes que con bulones o accesorios, proyectados en un espacio grande y son visibles como tales a partir de un punto de vista único en la cámara.

Pero el tema es que una de mis preocupaciones es ocupar el espacio y mostrar todo. La fotografía muestra un campo bien definido y yo quiero mostrar el lugar en el que trabajo, lo que hay adelante y también lo que está atrás. Para llegar a ese resultado puse espejos delante de mí, que reflejan pedazos del espacio. La forma (círculo, rectángulo, etc.) que diseño en el espacio no está pintada sobre el espejo, sino sobre el lugar reflejado por el espejo.

Luego pensé que podría encontrar otra solución. Puse un gran vidrio transparente delante de la cámara que me permitía ver a través de él y también ver el reflejo. Y se creó un espacio nuevo en función de las luces y las sombras que está parcialmente adelante y parcialmente al costado. Los dos se mezclan.

Hice varias instalaciones así pero dejé de hacerlas, porque la gente no entendía nada de lo que pasaba. Ingenuamente intentaba explicarlo. Por ejemplo, decía, cuando vemos un bello río transparente, en el que se ve el fondo, las algas, los peces, las rocas, también vemos las nubes que se reflejan en la superficie del agua. Es lo mismo que intento reproducir. Pero nunca funcionó, la gente pasaba horas mirando tratando de entender.

Como artista, quiero que observen la imagen, no que se pregunten cómo está hecha. Por ejemplo, si vemos un cuadro de Mark Rothko, no nos preguntamos qué tipo de rojo usó o cómo lo hizo… tal vez podemos plantearnos la pregunta después. Me interesa otra reflexión sobre la imagen, pero no siempre acerca de cómo está hecha la imagen.

¿Qué te interesa transmitir con tu obra? ¿Qué reacción esperás del espectador?

Quiero mostrar la renovación de algunas cosas que la sociedad ve como obsoletas o inadaptadas. Algunas veces trabajo en lugares que están catalogados como inadaptados, se deja que se derrumben completamente… muchas veces con un fin inmobiliario especulativo. Estos lugares podrían servir como espacios para artistas o lugares de reunión. Creo que en los edificios abandonados hay una especie de energía latente que intento captar para hacer las obras. Los edificios cuentan momentos poéticos de la ciudad.

¿Querés agregar algo más?

Que sería divertido hacer un proyecto en Argentina.

Georges Rousse, fotografía, espacio arquitectónico y pintura
Notas:

1. Los primeros Encuentros de Arles (Rencontres internationales de la photographie d’Arles) se realizaron en 1969, siendo sus creadores Lucien Clergue, Michel Tournier y Jean-Maurice Rouquettese. Por su parte, L’École Nationale Supérieure de la Photographie fue fundada en 1982, siendo su primer director Alain Desvergnes.

2. El Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou de París, que alberga el Musée National d’Art Moderne, fue inaugurado en enero de 1977.

3. Se refiere al cuadro pintado en 1907 por Pablo Picasso, que pertenece al Museo de Arte Moderno de Nueva York y que está considerado como el nacimiento del Arte Moderno.

4. Una anamorfosis o anamorfismo es una deformación reversible de una imagen producida mediante un procedimiento óptico (como por ejemplo utilizando un espejo curvo), o a través de un procedimiento matemático. Es un efecto perspectivo utilizado en arte para forzar al observador a un determinado punto de vista preestablecido o privilegiado, desde el que el elemento cobra una forma proporcionada y clara. La anamorfosis fue un método descrito en los estudios de Piero della Francesca sobre perspectiva.

Fotomundo 506 (Febrero 2011)

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