Silvia Mangialardi
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Con medio siglo en el mercado de la fotografía argentina, la titular de Kinefot ha transitado en ese tiempo, con empeño y de manera creativa, todos los momentos de la fotografía. Su mirada sobre las circunstancias actuales y el camino recorrido constituyen toda una enseñanza. También expresa, de forma ejemplar, como la vinculación entre una compañía líder, Fujifilm y una casa de fotografía como es Kinefot, pueden generar una sinergia de trabajo sólido y duradero.

¿Cómo cambió el negocio a partir de la revolución tecnológica digital y cómo la atravesó Kinefot?

Al principio fue fácil cambiar, en la práctica seguíamos con la misma estructura, o sea lo analógico, los rollos siguieron un tiempo más y anexamos los servicios digitales.

Compramos el primer minilab de Fuji que se presentó en la Photokina, Alemania, sin saber cual sería el futuro de esa nueva tecnología. Eso nos dió bastante ventaja en lo económico, porque en aquel momento fue un buen ingreso. Hoy una copia se cobra casi lo mismo que entonces. O sea, han pasado entre diez o doce años y siguen valiendo lo mismo, en pesos.

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Uno de los graves problemas fue que la venta de rollos fue desapareciendo, llegando a niveles de un 10% de lo que era antaño. Realmente bajó mucho y resultó complicado porque dejaba un porcentaje importante de las ganancias tanto con la venta del producto como con el servicio de revelado.

No tengo las estadísticas, pero hay muchas menos casas de fotografía, por ejemplo, sólo quedan dos o tres casas revelando E6. Nosotros todavía tenemos bastante demanda.

Para el 90% de los comerciantes del ramo es más económico mandar a revelar los negativos a terceros que hacerlo ellos mismos. Esto ocurre porque los equipos de revelado necesitan rellenar su tanque una vez a la semana y tenés que revelar una cierta cantidad de rollos para que los químicos circulen y el proceso sea posible y rentable. Así es que Kinefot está recibiendo muchos rollos de casas de fotografías que sólo hacen el copiado.

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¿Como fueron reemplazando la venta de rollos?

Un poco con las tarjetas, un poco con los cambios de cámaras… todos quieren tener su cámara digital. Y tenemos de todo: tanques de revelado, cubetas, gran cantidad de accesorios, material sensible, trípodes, álbumes, y todo para las escuelas con una tarifa especial para estudiantes.

Además, se agregaron cosas que antes no vendíamos como telescopios, microscopios, binoculares, teléfonos… pero tampoco queremos diversificarnos demasiado. Es muy difícil reemplazar la venta de rollos con otros productos. Los porcentajes de venta de rollos y laboratorio se han invertido hoy en día.

¿Cómo competís en la venta de cámaras con las grandes cadenas?

No competimos. Muchos clientes, aunque las paguen un poquito más caro que en otras cadenas o por ventas en sitios de subastas electrónicas, compran en Kinefot porque la diferencia no es mucha, también tienen en cuenta el asesoramiento, el trato personal y la garantía que implica una empresa con tantos años de trayectoria. Tenemos una clientela fiel.

¿Cómo lograste fidelizarlos tanto?

Durante 50 años en la plaza, corrió mucha agua bajo el puente.  Siempre logramos ser los primeros: el primer minilab Fuji que entró al país, la primera procesadora E-6 (lograba procesar hasta 400 rollos/hora) -en aquel tiempo gastar la importante suma de dinero que implicaba el equipo era toda una aventura–, la primera reveladora de negativos que salió en Italia y que tuvimos que esperar para que pudieran terminarla. Hemos tratado siempre de tener lo último en tecnología para brindar el mejor servicio.

 

Lo que decís ayuda a entender que a uno no le va bien porque tiene suerte, sino por lo que hace.

Siempre traté de hacer todo lo mejor posible. Yo creo que si algo me sale mal es porque me equivoqué o estaba mirando para otro lado. Siempre busqué y busco la satisfacción del cliente. Algunos reclamos existen, aunque han sido los menos. Analizamos las cosas junto al cliente, normalmente vuelve a mirar el trabajo, nos pide que repitamos alguna copia y se va contento. Pienso cuanto gané por haber hecho esto…si alguna vez me toca perder, no importa. Me gusta vender lo mejor posible y los precios siempre han sido los mejores.

Volviendo, lo digital logró rápidamente reemplazar las cámaras analógicas. Cuando llegaron los rollitos APS todos creyeron que iba a ser bárbaro, pero no duró nada. Cuando surgió lo digital, justo había ido a Photokina, lo vi y pensé “esto no puede cambiar”. El tiempo me está dando la razón.

Aunque en Estados Unidos las estadísticas dicen que está aumentando la venta de rollos….el tiempo dirá.

Si, parece que hay un “revival” de la fotografía convencional en el mundo.

Tenemos en uso dos minilabs analógicos y una reveladora. Algo me dice que, aunque tal vez no lo vea, se van a transformar en un clásico los procesos analógicos.

La gente está perdiendo la historia, los recuerdos. Hay días que llegan 10 o 15 tarjetas rotas, la gente llora y muchas veces no hay manera de recuperarlas. Guardan las historias en un CD y ¿qué le van a decir a los chicos cuando crezcan, que tenían las imágenes en un CD que se rompió? Yo siempre digo que hay que hacer un álbum con algunas imágenes de los momentos más preciosos, sino te podes quedar sin nada.

Lo que ocurrió es que se perdió el misterio. Es como cuando empezaron las ecografías. Antes tenías que esperar nueve meses para saber si era nena o varón. Con el rollo era como con el embarazo, tenías que esperar. Nunca más vamos a volver a tener ese misterio hasta encontrarnos con las copias.

Sin embargo, nosotros estamos felices, el volumen de papel que utilizamos en el 2010 superó el usado en igual período del 2009. También hemos visto que ha crecido el ingreso de papel al país.

¿Cómo sentís que puede influir lo de las licencias No Automáticas?

Yo creo que va a afectar a gran parte de la comunidad fotográfica. Sin embargo, en nuestro caso, como nuestra especialidad son los procesos de laboratorio digital seguiremos poniendo énfasis en el diseño, la impresión y la atención personalizada y on-line.

¿Cómo ves el futuro de las casas de fotografía?

No se, no veo el horizonte todavía. Muchos laboratorios importantes, incluso anteriores al mío, han quedado en el camino.

Con algunos de ellos, nos formamos con el Dr. Bey. El fue mi maestro, siempre le agradezco, porque fui a su laboratorio a aprender y él me dio la oportunidad de mi vida, de hacer lo que en verdad me gusta. Te cuento, allí yo revelé la primera foto color del País.

Pero lo veo difícil, lo veo en mi pueblo donde había tres fotógrafos y ahora uno tiene un kiosquito y ya casi no sacan fotos. El problema es, y me duele, que la mano de obra se pierda. Cada vez tenemos menos gente trabajando en la fotografía.

Pero la automatización es un problema que abarca a toda la industria, no sólo a la fotografía.

Claro, hace cuatro años atrás tenía muchos más empleados y, en cambio, ahora copio más que antes.

¿Querés agregar algo más?

Sólo enfatizar que tuve el privilegio de hacer durante 50 años lo que más me gusta y que sigo haciéndolo de la mejor manera posible.

Yo nací en el campo y cuando vine a Buenos Aires todo lo que fui generando lo fui reinvirtiendo en la empresa tendiente a mejorar los equipos y servicios. Cuando hago algo no pienso en cuanto voy a gastar, pienso en lo que voy a hacer.

Dios me debe haber privilegiado en poder hacer exactamente lo que me gusta... Si volviera a nacer volvería a hacer y a tener exactamente lo mismo, hasta superaría los mismo problemas personales que he tenido, porque creo que Dios me premió en la vida con sobrinos, hermanos, con compañeros, amigos... Haría todo lo mismo...

Además, quiero agregar que con Fuji tenemos, desde que llegaron al país en 1978, una relación muy fuerte. Por entonces llegó como gerente general de Fuji, el señor Medín, y vino él personalmente hasta con clavos y un martillo a poner los carteles. Eso me enamoró, empezaron como yo, y les he sido muy fiel porque ellos lo han sido conmigo. Con Kodak la relación también ha sido muy buena a lo largo del tiempo. Estamos muy agradecidos con ambas compañías.

Y también especialmente agradecer a todo el personal de Kinefot sin cuyo apoyo incondicional no hubiésemos podido alcanzar nuestras metas.

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