En 1838, la revista “Philosophical Transaction” de la Royal Society de Londres publicó un ensayo de Sir Charles Wheatstone (1802-1875) donde describía el fenómeno de la visión estereoscópica.
Sir Charles Wheatstone, padre de la estereofotografía
El artículo incluía el dibujo de un “estereoscopio” de su invención que permitía proporcionar la sensación de tercera dimensión (3D) a partir de dos dibujos planos de objetos, realizados a partir de una visión con una pequeña separación entre sí, tal como funciona el sentido de la visión en los humanos (y en muchos animales) donde los ojos están separados aproximadamente 65 mm y las imágenes registradas por la retina son reconstruidas por el cerebro.
Sir David Brewster, creador del primer visor estereoscópico de uso práctico.
De todas maneras, Sir Wheatstone sería reconocido mundialmente por otro de sus inventos, un aparato que permite medir las resistencias eléctricas.
Wheatstone descubrió que si realizamos dos imágenes con esa misma separación y las montamos en un visor de tal manera que cada ojo vea la que le corresponde, se producirá un efecto de relieve tal como sucede con los cuerpos tridimensionales. Aquel descubrimiento y la invención de un aparato estereoscópico encontraron de manera muy natural su aplicación en la fotografía, que sería presentada justamente un año después de la publicación de su artículo.
Daguerrotipo estereoscópico, 1850 circa.
El trabajo de Wheatstone no pasó desapercibido por William Fox Talbot (1800-1877), inventor del calotipo y del proceso negativo-positivo, que patentó en 1843. A pedido de Sir Wheatstone preparó varios Calotipos estereoscópicos de estatuas, construcciones y hasta de personas. Pero su uso recién se difundió cuando una década después, a fines de la década de 1840, otro británico, el naturalista y científico escocés Sir David Brewster (1781- 1868), destacado por sus estudios sobre la polarización de la luz, perfeccionara el estereoscopio convirtiéndolo en un dispositivo fácil de usar y que comenzó a ser fabricado, en 1851, por la casa Duboscq & Soleil de París, dedicada a instrumentos de precisión.
Contessa-Nettel del año 1919, para fotogramas estereoscópicos de 6 x 13 cm, con obturador de plano focal hasta 1/1.200 seg. y dos objetivos Krauss-Tessar 4,5/8,5 cm,
La Reina Victoria fue una de las primeras personas en usar el estereoscopio de Brewster y muy pronto se difundió en el ambiente cortesano y burgués de toda Europa. Se calcula que en los primeros años se vendieron cerca de medio millón de esos aparatos y muchos fotógrafos se lanzaron a crear imágenes estereoscópicas, en general de paisajes, vistas de ciudades e, incluso, desnudos, ante la gran demanda que se produjo.
La London Stereoscopic Co. perteneciente a George Swan Nottage, en un año vendió un millón de fotografías estereoscópicas, tal como lo menciona Beumont Newhall en su historia de la fotografía.
Visor para estereodiapositivas, con sistema de avance manual.
Las tomas se realizaban con cámaras de dos objetivos separados entre sí, que eran utilizadas por profesionales. Fotógrafos de la talla de Roger Fenton y Francis Frith cultivaron esta técnica con fines comerciales, en lo que se daba en llamar “Museos Fotográficos” debido a que muchas de las vistas estaban referidas a viajes por Oriente, a las ruinas de ciudades de la antigüedad en el Mediterráneo, así como a las grandes capitales, la vida cotidiana, etc.
Pero también tuvo sus detractores: James Craig Annan, acaso uno de los más importantes pictorialistas de fines del siglo XIX, escribió: “El efecto estereoscópico es un intento por imitar a la naturaleza, mientras el objeto de una fotografía ordinaria, o de un dibujo, es sólo el de reproducir una impresión de la naturaleza. El fracaso del estereoscopio en su mayor finalidad es más señalado que el otro propósito, menos ambicioso, pero más práctico, de reproducir sobre superficie plana una impresión de lo que vemos”.
La fotografía estereoscópica no despertó el interés de los fotógrafos artísticos o documentalistas, con la excepción de un interesante trabajo realizado por el francés Jacques-Henri Lartigue, constante investigador de nuevas maneras de fotografiar pero, a pesar las palabras de Craig Annan, la estereofotografía se convirtió en un suceso mundial. Uno de sus primeros períodos de gran popularidad fue entre los años 1858 y 1880, con un resurgimiento en 1890 hasta 1910 para ir decayendo hasta que en los años posteriores a la II Guerra Mundial, fue presentada la cámara Stereo Realist para película de 35 mm. Incluso un fabricante tan conservador como Leitz (actual Leica Camera AG), fabricó un objetivo dual para producir dos tomas en el mismo cuadro de 24 x 36 mm con una pequeña separación, mientras que la Carl Zeiss diseñó un kit de reconversión para sus cámaras Contaflex que le permitía hacer vistas estereoscópicas.
Sistema Leica Stemar Stereo de 1954, fabricado por Leitz Canada. Dispone de dos objetivos Stemar f:3,5 de 33 mm.
Tuvo también aplicación en aerofotografía, ya que fotos de pares estereoscópicos permite obtener información sobre el relieve de la tierra.
Por su parte, la popularidad de la fotografía estereoscópica en película de 35 mm tuvo cierto impulso con las diapositivas en color y la comercialización de visores económicos fabricados en plástico, pero fue decayendo a lo largo de la década del 60 hasta prácticamente desaparecer, quedando en algún nicho como las postales navideñas y fotos familiares, aunque sin un gran impacto comercial debido a las dificultades para realizar las impresiones.
Hoy el tema ha cobrado vitalidad, gracias a los desarrollos en el campo de la electrónica a través de la fotografía digital, terreno en el cual empieza a despertar interés en el cine, la televisión y, fundamentalmente, en la fotografía. Fujifilm, con su nueva cámara 3D, un sistema de impresión en 3D y un nuevo visor para apreciar las secuencias, viene a recuperar una técnica que desde su invención había impresionado desde la Reina Victoria hasta el más humilde de los habitantes de la tierra.
Fotografías estereoscópicas pueden realizarse con el empleo de una cámara diseñada para tal fin, con el empleo de accesorios que reconvierten una cámara de un objetivo en un sistema de dos lentes, o con dos cámaras idénticas separadas entre sí y que disparan de manera sincronizada, o haciendo dos tomas secuenciales al tiempo que la cámara es desplazada lateralmente para la segunda toma.
Una cuestión que se plantea, según el método elegido, es la distancia de separación de las tomas. En general, el mejor efecto estereoscópico se obtiene a partir de 1,5 m porque a menor distancia el efecto es exagerado o “hiperesteroscópico” como dicen los especialistas. Después de los 60 metros el efecto desaparece, pudiéndose lograr un efecto interesante con una mayor separación entre el punto de vista de las imágenes cuando se trata de objetos distantes.
Así pues, si obtenemos dos imágenes con una separación como la de la visión humana, estaremos haciendo igual que nuestros ojos. Y si después por medio de visores especiales o proyecciones polarizadas, dejamos ver a cada ojo, sólo la imagen que le corresponde, nuestro cerebro creará igualmente el efecto de la visión en tres dimensiones.
Todas estas cuestiones fueron consideradas por los diseñadores de Fujifilm en el desarrollo de su cámara.
A.B.C.