“Una vez fui al Parque Chacabuco con una cámara prestada buscando una imagen que me sirviera para expresar en un mural la tristeza de un niño. Me acerqué a uno de los que jugaban allí cuyo rostro me impresionó. Cuando vi la fotografía que yo había sacado llegué a la conclusión de que jamás lograría llegar a reproducir tan exactamente en la pintura la expresión de aquella cara” (*). En ese instante, había nacido el fotógrafo que definitivamente ha sido.

Había estudiado antropología y sociología en la Universidad de Córdoba pero antes de graduarse se volcó a la pintura, asistiendo a los talleres de Demetrio Urruchúa (1902-1978), uno de los grandes muralistas que formó a tantos discípulos en su taller: “...el arte es libertad y amor, ya que debe prevalecer el instinto. Pienso que únicamente el artista es el ser privilegiado que posee la virtud o el poder de hacernos vivir un hecho desconocido imponiéndole su sello para que viva eternamente”, escribió en sus memorias; y en Carlos Bosch aquello se ha hecho realidad.

Muy joven se inició en la fotografía y en muy poco tiempo su obra comenzó a ser reconocida por su contundencia, con un estilo de tonos bajos, fuerte compromiso social y una estética alejada de todo amaneramiento. De alguna manera, Bosch y la generación a la cual perteneció, transformaron el fotoperiodismo argentino al trabajar con la luz ambiente pero, por sobre todo, buscando mostrar el lado de mayor interés humano de la realidad.


Bosch fue más lejos, ya que fue uno de los autores que desarrolló a límites infrecuentes lo que podría definirse como el fotoperiodismo subjetivo. Dan prueba de ello las tapas y páginas del diario “Noticias de la Argentina y el Mundo”, del cual fue jefe de fotografía imponiendo su impronta. El diario fue clausurado en 1974 por el gobierno de María Estela Martínez de Perón. A partir de entonces, Bosch se dedicó a la fotografía publicitaria, de modas y arquitectura, hasta que en febrero de 1976 decidió irse a Europa con la idea de ampliar sus horizontes.

En España realizó una brillante carrera, trabajando para diversos medios. Fue editor gráfico de la revista Primera Plana, co-fundador de El Periódico de Cataluña, también se desempeñó en la revista Interviú y en El País. A partir de 1986 se mudó a Luxemburgo, colaborando con varias publicaciones y, entre 2000 y 2007, alternó su residencia entre Barcelona y Luxemburgo.


En ese último año regresó a la Argentina, donde colaboró con el desaparecido diario fundado por Lanata, “Crítica de la Argentina”. Desde 2010, dirige el Taller Continuo de Imagen. En 2011, obtuvo el Primer Premio en el Salón Nacional de Artes Visuales.
Su producción es vasta, conmovedora, de un realismo lacerante que no deja espacios para las dudas. En gran medida, con su exposición en la Fotogalería del Teatro General San Martín y con la publicación de estas páginas, Carlos Bosch es recuperado por una sociedad que desconoce en parte su historia, como uno de sus fotógrafos más importantes.

A. Becquer Casaballe
(*) Citado en el fascículo que le dedicó el Centro Editor de América Latina en 1982, sobre Fotógrafos Argentinos del Siglo XX, firmado por Cari Correa.