“¿La fotografía? Creo que obtuve la primera foto cuando tenía diez años. Mi padre, que era un gran aficionado a la fotografía y al cine, puso en mis manos una Kodak Box. Desde entonces ha sido una de las pasiones de mi vida”, le respondió Makarius al crítico de arte Osiris Chiérico, cuando lo entrevistó para uno de los fascículos del Centro Editor de América Latina, realizados en 1982.

Pero su formación fue en el terreno de las artes plásticas: “Empecé con la figura, después la naturaleza muerta, el paisaje, el cuerpo humano, la composición y el dibujo, mucho dibujo, el clásico proceso de los bocetos en media hora, en diez minutos, en cinco, en uno. Llegó el día en que comprendí que todo lo que la técnica podía darme lo había ya aprendido y que podía comenzar a olvidarlo, es decir, ubicarlo en la trastienda, convertirlo en herramienta para transitar caminos más libres”.

Era un pintor reconocido en Europa, donde participó de la primera exposición de Arte No Figurativo Húngaro realizada por la Academia de Bellas Artes de Budapest en 1946, además de exponer en esos años en Zurich y en El Cairo. Makarius, junto a fotógrafos de la talla de Grete Stern y Horacio Cópola, expresa una vanguardia que marcó tanto a las artes plásticas como a la fotografía.

La creación por su iniciativa del grupo Forum, que es uno de los primeros fotogrupos independientes, es la anunciación de una nueva manera de mirar que resulta difícil de encasillar, pero que se nutre de lo que podríamos llamar el documentalismo subjetivo.
Lo integran, además, Max Jacoby, Pinélides Fusco (que fue fotógrafo de Perón y autor de las primeras fotos en color publicadas, en 1949, al jurarse la Constitución de ese año), Juan Bechis, Rodolfo Ostermann, a quienes habrían de sumarse Julio Mauvesín, Lisl Steiner, José Costa y Humberto Rivas. Su primera exposición la realizan en el Museo Eduardo Sívori en 1956.

De alguna manera la obra de Makarius requiere nuevas lecturas a partir de la comprensión del contexto en que fue realizada. Por entonces, se consideraba arte a la fotografía realizada en estudio, los retratos, las naturalezas muertas, los paisajes que tomaban de la naturaleza su embellecimiento, los desnudos, en fin, aquello aceptado de acuerdo a la ya arcaica visión academicista. Salir con una cámara a registrar la realidad se lo interpretaba como “mera fotografía documental”.
Que un artista, porque Makarius poseía suficientes pergaminos para ser considerado como un artista plástico de vanguardia, influenciado por el Impresionismo y, esencialmente No Figurativo, tomara una cámara en sus manos con una intencionalidad no menos artística, pero para revelar la realidad a través de sus propios paradigmas, era de por sí un acto arriesgado.

Al publicar en 1963 “Buenos Aires, mi ciudad”, Eva Giberti se sorprende: “Es éste en verdad un libro de Buenos Aires, nuestra ciudad. Para que los adolescentes y los jóvenes la descubran; para que los adultos la reconozcan, no sólo al mirarla, sino al cantarla porque, sorpresivamente, hojeando el libro, el tango se trepa en el recuerdo...”.
Con sus retratos de artistas y, muy especialmente en “El Matadero”, aquella impronta directa surgida de un ojo sensible y agudo a la vez, se manifiesta en cada detalle, en la composición pero, sustancialmente, en su propuesta: el arte está en la propia realidad.·

Sobre al autor
Nació en El Cairo, Egipto, el 29 de abril de 1924 y falleció en Buenos Aires, el 3 de agosto de 2009 a los 85 años de edad. Poco antes había fallecido su esposa, Eva Reiner, compañera de toda su vida.
Hijo de padre egipcio y de madre alemana, su juventud transcurrió entre los países de sus progenitores, hasta que se radicaron en Hungría. Allí realizó el secundario y estudió pintura y escultura. Fue co-fundador del Grupo húngaro de arte concreto y miembro de la Escuela Europea, además de pintor, diseñador y decorador pero, a partir de 1950, se dedicó principalmente a la fotografía. En 1944 expuso en la “Primera exposición de Arte no Figurativo” en Budapest.
Antes de venir a la Argentina, en 1953, residió por un tiempo en Suiza y en París.
Publicó dos libros de fotografías y textos: “Buenos Aires y su gente” en 1960 y, en 1963, “Buenos Aires, Mi Ciudad”. En 2007, la Galería Vassari editó el libro “Retratos” y, recientemente, “El matadero”, que hemos comentado en nuestra anterior edición. Para el 2012, se publicará “Sameer Makarius: su obra pictórica y fotogramas: 1946-2009”.