Claudia Marcu
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Cada artista decide cómo monta sus fotografías y esto es lo más lógico dado que es quien las concibió y el modo de exhibirla no es una cuestión menor. Pero de la misma manera que el fotógrafo debe tener libertad de decisión sobre su obra, se debería informar al comprador cual es el método de montaje que se ha utilizado para que éste decida qué precio pagar por una obra que tal vez sólo dure algunas décadas antes de comenzar a deteriorarse.

 

Escribir un artículo sobre montaje de obra no parecía muy complicado: hablar con fotógrafos, buscar en libros e ir a algunos estudios y laboratorios. Reunir los datos necesarios y sentarse a escribir. Pero las cosas casi nunca son lo que parecen y ésta no fue la excepción. Cada persona con la que hablaba me daba un nuevo número, un nuevo nombre, otra persona que sin duda tendría la información que yo necesitaba; casi llegué a sentirme la protagonista de un policial negro, rastreando gente, consiguiendo más números, más nombres que se continuarían ramificando y a los que les seguiría explicando quien era yo y qué estaba buscando. Me encontré con dos claros problemas: por un lado la falta de información, por otro la información errónea.

Hay dos cuestiones esenciales que atañen al montaje de la fotografía y que, no pocas veces, resultan antagonistas. Se trata de una decisión estética; pero también de un asunto de cuidado y conservación.

Desde la invención de la fotografía, hacia mediados del Siglo XIX, ésta ha ido evolucionando y cambiando. De este modo, lo que nació de un proceso fundamentalmente físico y químico está, en la actualidad, principalmente ligado a lo electrónico. La sociedad cambió; el modo de mirar el mundo se transformó completamente, entre otras cosas por el exceso de información visual que recibimos cotidianamente. La evolución de los dispositivos fotográficos trajo aparejada una gran proliferación de posibilidades creativas. Todos estos cambios inevitablemente acarrean un cambio en los resultados de las obras junto con sus modos de exhibición. Y es aquí donde entra en juego el antagonismo ya que la elección del tipo de montaje es de vital importancia al momento de exponer una fotografía por la decisión estética que esto conlleva, pero la mayor parte de las veces esta elección no es la ideal para el cuidado y conservación de la obra.

En el mercado hay una enorme cantidad de posibilidades que básicamente se podrían dividir en tres grandes grupos. Por un lado existen ciertos tipos de montaje económicos y muy poco recomendados para el cuidado de una fotografía como ser sobre fibrofácil u otros tipos de madera, cartones y foamboard. Estas superficies son altamente corrosivas y con el tiempo aparece la resina que contiene toda madera dañando la fotografía. Además la madera absorbe la humedad ambiente. En estos casos sería ridículo utilizar pegamento libre de ácido ya que el soporte no lo es y el pegado lo encarecería inútilmente.

Por otro lado se encuentra el montaje sobre superficies como el cartón libre de ácido, sintra, aluminio y acrílico; la ventaja de todos ellos es su calidad de materiales libres de ácido que evita las manchas en las fotografías. En estos casos es indicado utilizar pegamentos libre de ácido que suelen encontrarse en formato de cintas o bobinas con adhesivo doble faz.

Por último se halla el más convencional, y también más idóneo para la correcta conservación de la obra, cuya elaboración me han explicado en la sección de reserva del Museo Nacional de Bellas Artes. En este caso la fotografía se encuentra sostenida por esquineros de papel que se pegan con cinta sobre cartón; otro cartón con una ventana se encuentra sobre la fotografía. De esta manera la foto con sus respectivos cartones se coloca en un marco de madera que, por medio de un filo, permite que la obra mantenga una distancia con el vidrio o acrílico evitando así la condensación de humedad.

Montaje de fotografías ¿Pegar o no pegar? 

En este montaje todos los materiales son libres de ácido: el papel con el que se hacen los esquineros, la cinta y el cartón. El proceso se realiza con extremo cuidado y tomando en consideración hasta el más mínimo detalle como ser el de retirar, con un pincel cuya cerda está confeccionada con pelo de conejo, cualquier rastro de polvillo que pueda quedar al encapsular la fotografía.

Montaje de fotografías ¿Pegar o no pegar?  

La diferencia básica entre este último montaje y el que expliqué anteriormente es el hecho de que la fotografía esté en contacto con los materiales adhesivos o simplemente sostenida por esquineros. Esto último permite que la obra pueda ser desmontada y conservada en perfectas condiciones sin sufrir ningún tipo de daño, lo que es de gran importancia si se considera que una de las cualidades sumamente positivas de un buen montaje es que sea reversible. Por otro lado, este procedimiento permite que la fotografía, luego de ser exhibida, pueda ser desmontada y archivada para su correcta conservación. Si la obra se encuentra en exhibición permanente, como puede suceder en una vivienda, lo ideal es que la iluminación no sea mayor a 60 Lux.

Más allá de qué es lo más indicado, lo cierto es que lo más utilizado actualmente es el pegado de la fotografía sobre diversas superficies; trabajo que realizan en varios laboratorios y estudios, entre ellos Mundocolor y Estudio Bonta.

En este caso lo que varía básicamente es el soporte sobre el cual se monta la foto ya que el pegamento utilizado es, en la mayor parte de los casos, un adhesivo bifaz que viene en bobinas de 130 cm de ancho. El adhesivo se pega sobre la superficie de base y luego se quita solo una pequeña parte del papel que la recubre en su otra faz, sobre ella se coloca la fotografía que es introducida entre rodillos gomosos y lentamente se va quitando el resto del papel mientras se la introduce entre estos rodillos que permiten un buen prensado, evitando así que se formen globos de aire o cualquier tipo de imperfección.

Montaje de fotografías ¿Pegar o no pegar?

El único tipo de montaje que no se puede realizar con este sistema de rodillos es el que se hace sobre aluminio o cualquier otro tipo de metal. En estos casos el proceso se realiza de modo completamente manual dado que las superficies metálicas arruinan los rodillos de la máquina. El hecho de tener que hacerlo manualmente eleva los costos y aumenta la posibilidad de error.

A la hora de montar

En conclusión, si se quiere ser papista a la hora de montar una fotografía las posibilidades son bastante limitadas: cartones libre de ácido con esquineros, marco de madera y vidrio o acrílico. Pero también habría que considerar cual es la finalidad del montaje ya que tal vez el fotógrafo plantea su trabajo como una obra efímera. El gran problema se produce cuando una fotografía se vende a altos precios pero no se toma en cuenta que su montaje no es adecuado para que esta perdure.

Fotomundo 473, Mayo 2008

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