Mariana Lafont
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Para un trabajo práctico en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, la autora decidió encarar un análisis del retrato a partir de fotografías de su propia familia. El resultado ha sido un texto de gran riqueza interpretativa que constituye un aporte significativo sobre un género no muy valorado: el de las fotografías de recuerdos familiares. Lo que publicamos es una síntesis de aquel trabajo.

La presente selección de fotografías tiene como eje temático los retratos realizados en estudios fotográficos. Seleccioné esta serie de tomas por varias razones; algunas me parecieron sumamente bellas por la calidad de la iluminación, otras resultaron interesantes por la técnica utilizada, o la forma en que estaban montadas.

 

El Retrato fotográfico


Desde mediados del siglo XIX, el aparato fotográfico habría de democratizar de manera definitiva al retrato. Ante la cámara, artistas, sabios, hombres de Estado, funcionarios y modestos empleados resultaban iguales.

Roland Barthes define a la pose en el retrato como “posturas corporales así como expresiones faciales estereotipadas de escenas de género, retratos o pseudo-instantáneas que constituyen elementos de significación ya establecidos”. En relación a los objetos, el autor de “La cámara lúcida”, cree que “poseen un valor simbólico en una cultura determinada, son inductores de asociaciones de ideas o verdaderos símbolos y constituyen excelentes elementos de significación ya que, por un lado, son completos en sí mismos y, por el otro, remiten a significados claros y conocidos”.

Tanto la pose como los objetos y accesorios cambiaban según la persona que iba a ser retratada. Como lo define Gisélle Freund en “La fotografía como documento social”: [...] El taller del fotógrafo se convierte así en el almacén de accesorios de un teatro que guarda preparadas, para todo el repertorio social, las máscaras de sus personajes [...]”.

Las necesidades sociales de la época fueron cambiando y provocaron el desarrollo de nuevas técnicas. El burgués, empeñado en ofrecer un aspecto agradable, generó el nacimiento de una técnica capaz de eliminar de la imagen los detalles molestos que la simple pose no lograba disimular, como ser: pecas, una nariz no apreciada, arrugas, etc.. Así nació el retoque. Gracias al retoque y a los lentes de foco suave, el fotógrafo tenia la posibilidad de eliminar lo que podía desagradar a su clientela.

Como sostenía Disderí “la actitud debe estar en armonía con la edad, la estatura, los hábitos y costumbres del individuo”.

Las fotos

 

La foto 1 (“Bienvenida!!!”) se caracteriza por el plano vertical de una joven mujer junto a una niña de unos tres o cuatro años. El fondo es liso. La iluminación es suave y no tiene luz de efecto sobre el cabello.

La joven, sobriamente vestida, en tonos oscuros, con una falda bastante larga y un peinado poco llamativo, está concentrada en la toma pero en cambio la niña, con su simpático peinado tipo carré con un gran flequillo y vestida en un tono claro y unos zapatos guillermina, parece estar un poco aburrida, a juzgar por la expresión de la mirada.

La fecha probable de realización es 1930, en Buenos Aires. Se trata de una copia por contacto tipo tarjeta postal. La textura del papel es tipo mate o seda de tamaño 8,3 x 13,5 cm. (además de un borde blanco de un milímetro).

Me pareció interesante porque conozco a las retratadas y las razones por la que fue sacada: la joven era María Cattaneo, una de las hermanas de mi abuelo que había llegado de Italia para visitar a familiares que estaban radicados en Buenos Aires. Era un acontecimiento importante. Recordemos que los viajes eran largos y poco usuales. La niña (ahora toda una señora) es Marta Fousset.

La Foto 2 (“Hechizo de luna”), es también un plano vertical. Da una sensación de naturalidad poco habitual y la iluminación es excelente. La luz principal procede del lado derecho y es muy suave. El fondo oscuro y uniforme produce el despegue de la figura y, por sobre todo, resalta la piel de la mujer. Está vestida con elegancia. Los accesorios son sencillos, pero ninguno molesta a la vista ni resulta “cargado”. El peinado es también sencillo.

Posiblemente fue obtenida en 1923. Se hizo en el estudio de F. Bixio y Cía., de la calle Bernardo de Irigoyen 185, en Buenos Aires. Se trata de una copia por contacto virada al sepia, en superficie mate. El tamaño de la imagen es de 10 x 13,5 cm. y de todo el papel: 15,8 x 23,3 cm.

La modelo se llamaba Claudia Taddeo y era una de las hermanas de mi abuela materna. Esta es la foto que más me gusta de toda la serie por la sencillez y lo bien lograda que está. Obviamente la modelo también ayuda. Cuando la vi vinieron a mi mente esas actrices del cine mudo con pieles ultra claras y perfectas.

La Foto 3 (“Un infinito mar de perlas”), consiste en un plano vertical de cuerpo entero, donde ninguno de los retratados mira directamente a cámara. El fondo está desenfocado pero puede apreciarse una pintura de telón. La base de la foto tiene el efecto, tan usado, de esfumado que se logra con un apantallado en la copia.

La dama tiene un vestido oscuro con un detalle bordado en el pecho que culmina con un broche, además de un largo collar de perlas. El caballero, que parece bastante mayor, tiene smoking y un importante anillo en su mano derecha. De la descripción anterior se desprende que la pareja tenía un buen pasar y que estaban vestidos como para una ocasión especial o muy importante.

Probablemente fue tomada en 1923, en el estudio de F. Bixio y Cía. sobre la calle Bernardo de Irigoyen 185. La copia está virada al sepia. El formato de la imagen es de 14,5 x 20,3 cm. y del papel: de 19,5 x 27,3 cm.

Quienes posan son Claudia Taddeo y su marido Luigi Malatesta, que se casaron el año en que fue tomada la fotografía.

La foto 4 (“La familia unita”) es un plano horizontal tipo americano de un grupo familiar. El centro de la escena es dominado por el padre y, a su lado, de pie, ella, la esposa. En los extremos están sus hijos. En el fondo se observa un cortinado oscuro que, en el extremo izquierdo, está levantado para que pueda apreciarse la pintura que hay detrás.

Esta familia parecía ser de la clase alta debido a los atuendos que tienen puestos. El hombre con smoking, tiene la mirada adusta y no parece demasiado amistoso. La dama está vestida elegantemente con un traje de encaje; su expresión también es seria, aunque no tan dura como la de su marido.

En cuanto a los niños, ella tiene un vestido blanco y su expresión da la sensación de ser una niña muy tranquila. Por ultimo el niño lleva un smoking idéntico al del padre con la diferencia de que el moño es blanco. Su expresión es la más risueña de todas y el peinado es muy gracioso ya que el flequillo es bastante raro, aunque por momentos me hace acordar a Adolf Hitler (lo cual hace que deje de resultar risueño).

Fue tomada en el estudio de Zuntti Fiorini, de la calle Rivadavia 2142, Buenos Aires, probablemente en 1917. Es una copia por contacto sobre papel mate virado al sepia. Está montada sobre un cartón rígido, de color marrón. En el extremo inferior derecho tiene, en relieve, el nombre y la dirección del estudio. La imagen es de 12 x 18 cm. y del cartón: 21,8 x 29,3 cm.

La familia retratada está formada por Don Pedro Longhi, quien trajo a mi abuelo materno desde Italia, como a tantos otros amigos y familiares, para trabajar en la Argentina, junto a su mujer doña María y los hijos Miloto y Emma.

Conclusión

 

Realizar este trabajo fue una tarea interesante, larga pero no pesada ya que pude sumergirme en el pasado de mi familia, del cual sabía poco y nada. También sirvió para sacar de la oscuridad a esas fotos que estaban cansadas de estar metidas dentro de cajas que, a su vez, estaban dentro de armarios llenos de polvo. En una palabra, revivieron y con ellas revivirán modas, peinados, costumbres, poses y muchas cosas más.

De este recorrido fotográfico vale la pena destacar que la fotografía ocupaba un lugar muy importante en la vida de las personas. Se iba al estudio cuando se consideraba que determinado acontecimiento era digno de ser guardado. Gracias a esa costumbre, varios años después, mucha gente como yo se divierte (aunque otra se pone melancólica) viendo a gente conocida vestida en forma “extraña” y con peinados raros.

Por otro lado, algo que me gustaría remarcar es que realizando este cotejo me di cuenta verdaderamente del valor que tienen todos estos recuerdos grabados en plata metálica y que, en la mayoría de los casos, no se los cuida como debiera. Desde ahora, pienso que se debe incentivar el cuidado de las fotos antiguas, por lo menos empezando en las de la familia. Y una forma de cuidarlas es no tenerlas arrumbadas y, de vez en cuando, sacarlas a pasear, sacarlas a la luz.
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