Melissa Harris
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Desde el 5 de agosto y hasta el 2 de octubre se expondrá en el Espacio de Arte de la Fundación OSDE, Suipacha 658, 1 Piso. La muestra, curada por Melisa Harris, editora general de Aperture, forma parte del programa oficial de los Encuentros Abiertos– Festival de la Luz 2010 que se realizará los meses de Agosto y Septiembre. Koudelka es uno de los autores esenciales de la fotografía documental contemporánea.

 

Que todo pasó por casualidad puede parecer una forma extraña de empezar una discusión con un fotógrafo cuyo enfoque, intensidad, precisión y pura voluntad se evidencian en cada aspecto de su ser, por no mencionar en los proyectos que ha llevado a cabo. E igual así fue como Josef Koudelka decidió comenzar nuestra charla sobre el trabajo que hizo esa extraordinaria semana en Praga, en agosto de 1968 cuando “el gran Ejército Rojo invadió mi país, todos estuvimos en contra de ellos, y todos olvidaron quienes eran – si era comunista, si era joven o viejo, si era anti-comunista. Todos eran checoslovacos. Nada más importaba. Sucedían milagros. La gente se comportaba como nunca antes; todos eran respetuosos y amables con los demás. Sentí que todo lo que podría pasar en mi vida, estaba pasando en esos siete días. Era una situación excepcional que reveló algo excepcional de cada uno de nosotros.”

 

Constantemente alerta, Koudelka estaba listo “para aprovechar estas oportunidades, porque pueden ser las más reveladoras.” El trabaja con la mente y corazón abiertos, sabiendo intuitivamente cuando, como Arthur Miller escribió alguna vez, “se debe prestar atención.” Su instinto agudo, casi salvaje, lo dejó con poca elección más que salir inmediatamente a la calle y empezar a fotografiar cuando Praga fue invadida en agosto de 1968 por tanques del pacto de Varsovia, liderados por los soviéticos.

Koudelka es un fotógrafo que no se entrega al sentimentalismo, se aproxima a su trabajo sin preconceptos y con una energía y humanidad fenomenales, y cuya esencia está profundamente entretejida con el deseo por la libertad personal (aparentemente saciado).

Y coherente con esta forma enérgica de estar en el mundo es su respeto por la libertad e individualismo de otros. Koudelka no está interesado en absoluto en hablar de sus fotografías o en insistir en que se piense sobre ellas de una manera, o abogar por un punto de vista particular. Se interesa, en cambio, “en la foto que puede contar diferentes historias a diferentes personas” y lo que otros encuentran en sus imágenes.

A fin de cuentas, todo se trata de ver, y así la sinergia entre la fotografía y la pintura por ejemplo son una obviedad para él - eso aprendí cuando reparé en “Piero della Francesca”, temas de perspectiva, balance, peso y forma y de cómo se divide el espacio. Consideren los rostros de las personas en las fotografías de Koudelka; miren la forma en la que plasma los gestos, las expresiones de los valientes checoslovacos mientras intentan resistir la invasión, y como estas fotografías, sacadas rápidamente y bajo gran riesgo, están tan exquisitamente compuestas. Nada de esto es por azar.

La casualidad en este trabajo es que él había regresado de fotografiar gitanos en Rumania un día antes; que un amigo lo llamó para avisarle que los soviéticos habían entrado a Praga para que fuera uno de los primeros testigos de lo que estaba pasando; que tuviera rollos en el momento; que los soviéticos no le confiscaran dichos rollos; y que pudiera sacar el trabajo de la ciudad para así publicarlo un año después para conmemorar la invasión. Así empezamos...

Invasión 68, Praga de Josef Koudelka

Melissa Harris: ¿Podés contarme un poco de tu vida antes de 1968, antes de lo que pasó a llamarse la Primavera de Praga? No sólo sobre fotografía, pero todo lo que fue importante para vos, y si estabas o no involucrado en la política.

Josef Koudelka: No, no estaba involucrado en la política. Estar involucrado en Checoslovaquia significaba ser miembro del Partido Comunista, y yo no lo era. Pero en el periodo de ‘68 todos se involucraron en la política. Checoslovaquia había sido un país donde nada era posible, y de golpe, en ese momento, todo era posible y todo cambiaba rápidamente. De todos modos, lo que pasaba en Checoslovaquia no era una revolución. Se trataba de recuperar la libertad. Fueron los escritores los que primero pidieron más libertad, y quienes al hacerlo, expresaban los sentimientos y deseos de toda la sociedad.

MH: El discurso de Milan Kundera a favor de la libertad de expresión en el Cuarto Congreso de la Unión de Escritores Checoslovacos en junio de 1967 fue muy fuerte:

“Toda supresión de opinión, incluida la supresión por la fuerza de opiniones equivocadas, es hostil a la verdad en sus consecuencias. Porque la verdad sólo se puede alcanzar con un diálogo de opiniones libres e iguales derechos. Cualquier interferencia con la libertad de pensamiento y palabra, sin importar que tan discreto sea el mecanismo y terminología de dicha censura, es un escándalo en este siglo”.

JK: Con la abolición de la censura todo comenzó a cambiar. Siete días después de la invasión soviética a Praga escuchamos que una de las condiciones principales del acuerdo para que los soviéticos retiraran los tanques de las calles era reestablecer la censura.

MH: ¿Qué era importante para vos en ese momento?

JK: Lo mismo que hoy: hacer lo que quería hacer. No había libertad política en Checoslovaquia. Encontraba mi libertad haciendo mi trabajo. Trabajé como ingeniero aeronáutico y al mismo tiempo sacaba fotos. Amaba los aviones tanto como a mi cámara, pero en 1967 dejé mi trabajo porque me di cuenta que no podía crecer mucho más como ingeniero y quería avanzar tanto como pudiera en la fotografía. Para que se me permitiera renunciar y volverme un fotógrafo debí unirme oficialmente a la unión de artistas checoslovacos, lo cual no fue fácil, pero logré en 1965. Ya había empezado a fotografiar gitanos y el teatro en 1962, y continué fotografiando eso mismo tanto antes como después de la invasión de Praga. Siempre estoy mirando varias cosas simultáneamente.

MH: ¿Qué te llevó a los gitanos?

JK: Siempre me gustó la música folk. Cuando fui a Praga a estudiar, tocaba el violín y gaita en un grupo. Tocábamos en festivales de folk tradicional. Ahí encontré músicos gitanos y llegué a conocerlos. Fue entonces cuando comencé a fotografiar gitanos. Creo que mi interés por la música folk me ayudó en el momento de sacar fotos. Mientras visitaba sus asentamientos grababa sus canciones. Los gitanos son buenos psicólogos: ellos entendieron que si me gustaba su música, seguramente me gustaría algo más.

Nunca hubiera podido fotografiar a los gitanos en la forma en la que lo hice si, en 1963, no hubiera casualmente adquirido uno de los primeros lentes gran angular de 25mm que llegó a Checoslovaquia. Este lente cambió mi visión. Mis ojos, mi visión se volvió gran angular. Me permitió trabajar en los pequeños lugares donde vivían los gitanos, me ayudó a separar lo esencial de lo no esencial y conseguir, con mala iluminación, la profundidad de campo que siempre quise. Mi entendimiento y respeto por las reglas de su correcto uso, determinó mi composición.

MH: ¿Y sobre tu trabajo del teatro?

JK: Cuando Otomar Krejca fundó el teatro “Mas allá de la puerta” (Beyond the Gate) en 1965, me preguntó si quería trabajar con él. Una de mis condiciones para aceptar fue que mientras sacaba fotografías, pudiera moverme entre los actores en el escenario. Quería ser capaz de reaccionar a las situaciones entre los actores en el escenario, fotografiar la actuación de la misma forma que fotografiaba la vida afuera del teatro. Esperaba encontrar algo real dentro de lo artificial del teatro. Trabajando con Krejca de esta forma aprendí a ver el mundo como un teatro. De todas formas me interesa más fotografiar el teatro del mundo.

MH: ¿Estabas al tanto del fotoperiodismo en esa época?

JK: En 1968 no sabía nada sobre el fotoperiodismo. Nunca vi Life, nunca vi Paris Match. Cuando fotografié la invasión soviética lo hice para mí. No estaba pensando en un ensayo fotográfico ni en publicar.

MH: Leí una gran cita de Ian Berry, quien tengo entendido era el único fotógrafo occidental en Praga esa semana. El dijo: “el único otro fotógrafo que vi era un maniático absoluto que tenía un par de cámaras viejas colgando del cuello y una caja de cartón sobre sus hombros. El se acercaba a los rusos, se trepaba a sus tanques y los fotografiaba abiertamente. Tenía el apoyo de la multitud quien lo rodeaba cada vez que los rusos intentaban confiscar su película. Sentí que ese hombre era la persona más valiente, o más loca, en los alrededores.” Aparentemente, Josef, ese lunático eras vos.

JK: Debió de haber sido una situación peligrosa, pero yo no lo sentí así. Para mí, las personas con verdadero coraje fueron los siete rusos en Moscú -los únicos entre millones- que protestaron esa semana en la Plaza Roja en contra de la invasión, sabiendo que serían arrestados e irían a prisión. Creo que lo que pasó en ese momento fue mucho más grande que yo, mucho más grande que todos nosotros. La invasión fue trágica, pero si tenía que pasar, estoy feliz de haber estado allí para fotografiarla y ser un testigo de la misma. Durante la invasión, saqué fotos pero no las revelé. No había tiempo para eso. Recién después fue cuando procesé todo. Dejé un par de fotos con la historiadora de fotografía Anna Fárová. Ella las mostró a varias personas, incluyendo Václav Havel. Él se ofreció para llevarlas a América - donde había sido invitado por Arthur Miller - pero no lo dejaron ir. Varios fotógrafos fueron sacados del país por Eugene Ostroff, curador del departamento de fotografía del Instituto Smithsonian en Washington. Fárová se las había mostrado. Ostroff se las mostró a su amigo Elliot Erwitt, quien era presidente de la agencia de fotografía Magnum Photos. Erwitt quería saber si habían más fotografías, que él no hubiera visto y si estaría dispuesto a enviarle los negativos. No estaba muy feliz con la idea de enviarlos -habiendo perdido mis negativos anteriormente.

MH: ¿Qué había pasado con tus negativos?

JK: Yo quería sacarle fotos a los soldados y tanques soviéticos solos en la plaza Wenceslas una vez que la gente en Praga había decidido no movilizarse para no darles a los soviéticos un pretexto para una masacre -los checos se dieron cuenta que era una trampa. En mi fotografía de la mano con el reloj no se ven soviéticos.

... Me subí a la terraza de un edificio y los soviéticos me vieron. Pensaron que era un francotirador y empezaron a perseguirme. Corrí por los pasillos y entré a otro edificio, de casualidad un amigo mío vivía allí. Le deje todas mis películas que había usado ese día -aproximadamente 20 rollos- por si los soviéticos me agarraban cuando saliera del edificio. Al día siguiente fui a buscar mis rollos, pero mi amigo se los había dado a otra persona, para que los llevara a la Radio Europa libre (Radio Free Europe) en Viena. Quería matarlo. Cuando la situación se calmó, como 2 semanas después de la invasión, y mientras todavía tenía mi pasaporte (que había conseguido por primera vez durante la Primavera de Praga), fui a ver a esa persona en Viena. Quería recuperar mi película. La radio Europa libre ya había enviado cinco rollos a su oficina en Munich. Nos dijeron que no estaban interesados en el material. Estaba feliz de recuperar el resto de mis rollos y los traje devuelta a Praga, aunque nunca recuperé esos cinco.

De cualquier manera, volviendo a lo que pasó después con Magnum, al final, los negativos salieron sin complicaciones del país y llegaron a Nueva York. Magnum supervisó la impresión de las fotos y su distribución alrededor del mundo.

Sucedió que estaba en Londres en agosto de 1969 con el grupo de teatro al que estaba fotografiando. Salimos un domingo a la mañana (el primer aniversario de la invasión) y alguien compró una copia del Sunday Times y ahí estaban mis fotos. Fue la primera vez que las vi publicadas. Para protegerme a mí y a mi familia las fotos estaban acreditadas a un “fotógrafo checo desconocido” y para uso interno, Magnum había estampado en la parte trasera de cada una “p.p” - “fotógrafo de Praga” por sus siglas en inglés. Después recibí un premio “Robert Capa” -anónimamente- y eso fue anunciado en la estación de radio La Voz de América. Mucha gente en Praga escuchó eso, cuando la estación todavía no estaba bloqueada, y algunos amigos míos empezaron a preguntarme si las fotos eran mías. Empecé a temer que la policía secreta checa descubriera que yo era el autor de las fotos. Magnum arregló todo para que yo obtuviera un permiso para salir de Praga en 1970, invitándome a fotografiar gitanos en Europa occidental. Luego me dieron asilo político en Inglaterra.

Invasión 68, Praga de Josef Koudelka

MH: Este trabajo cumple dos funciones, cubre y es testigo de la invasión soviética a Praga. ¿Lo considerás evidencia?

JK: Sí - por eso los soviéticos y el gobierno checoslovaco no estaban felices de su existencia. Esas fotos son prueba de lo que pasó. Cuando voy a Rusia, a veces me encuentro con ex-soldados que ocuparon Praga en ese período. Me dicen “fuimos a liberarlos, fuimos a ayudarlos.” Yo contesto: “Escúchame. Yo creo que fue muy diferente en realidad. Vi como mataron gente.” Ellos dicen: “No. Nosotros nunca... no disparamos.” Entonces les muestro mis fotos de Praga en 1968 y digo: “Estas fotos las saqué yo. Yo estuve ahí”. Y tienen que creerme.

MH: ¿Cómo te sentiste cuando finalmente se supo que vos eras el autor de las fotos de la invasión?

JK: Realmente no sentí nada cuando la gente se enteró que yo saqué esas fotos. Estaba feliz de que los comunistas en Checoslovaquia no podían decir que yo era famoso solamente por esas fotos. Para ese entonces ya se me conocía públicamente por otros trabajos. La primera semana de resistencia fue fantástica, pero no duró. Lo que pasó durante 20 años después de la invasión fue menos heroico. El gobierno se volvió más y más opresivo, destruyendo las vidas de muchos checoslovacos, y tratando de erradicar la memoria de la Primavera de Praga y la resistencia. Fui a la República Checa hace 10 años para la exhibición de Magnum sobre 1968. Más de la mitad de los jóvenes no sabía nada sobre los eventos de 1968, y la mayoría de la población que sí sabía, decidió olvidarlo. Pero las cosas han cambiado mucho desde entonces. La Primavera de Praga tuvo peso en la eventual caída del comunismo, así que los eventos tuvieron peso afuera de Checoslovaquia. El editor checo pidió cuatro mil copias de mi nuevo libro “Invasión 68: Praga”.

MH: ¿Por qué esperaste 40 años para hacer este libro?

JK: Nadie estaba interesado en publicar un libro de este tipo. Yo tampoco. Para mí era mucho más importante producir nuevos trabajos.

MH: Entonces ¿por qué ahora?

JK: Nuevamente fue todo de casualidad. Estaba en Praga a principios de 2007 hablando con mi editor y me preguntó sobre los proyectos en los que estaba trabajando ese invierno. Contesté que quería finalmente terminar la maqueta de mi próximo libro de gitanos en el que había estado trabajando los últimos 40 años. Él dijo que el año próximo sería el cuadragésimo aniversario de la invasión soviética y sugirió hacer un libro sobre eso.

MH: ¿Cuáles son algunas de las diferencias en la forma en las que concebís la estructura de tus libros -por ejemplo “Gitanos”, “Exilio” e “Invasión 68”?

JK: “Gitanos” es el resultado de un acercamiento que podría ser llamado construcción, en el sentido de que hice un esfuerzo consciente para cubrir el espectro de la vida.

MH: ... ¿En el sentido de que ese trabajo sugiere una experiencia común, aspectos de la vida humana que todos compartimos?

JK: Podrías decir eso. Y cuando pensaba que algo faltaba, hacía el esfuerzo de encontrarlo y fotografiarlo.

“Exilios” es el título que mi editor, Robert Delpire, dio a un grupo de fotografías que seleccionamos a mediados de los ‘80 principalmente entre las que saqué cuando me fui de Checoslovaquia.

MH: Entonces, ¿el acercamiento era en parte sobre reconocer relaciones entre fotografías que ya existían, y en este caso, girando en torno del concepto de exilio?

JK: Ser exiliado implica que tenés que construir tu vida de cero. Se te da esa oportunidad. Cuando me fui de Checoslovaquia, estaba descubriendo el mundo alrededor mío. Claro está, uno igual se siente atraído a cierta gente...

MH: Para mí, las imágenes que conforman “Exilios” tienen una coreografía especial. La sensibilidad parece basada en gestos y movimientos. Por momentos hay varios puntos de interés - el sentimiento no es lineal. De esta forma, el libro como un todo irradia una vitalidad diferente de la intimidad del trabajo de “Gitanos” y la forma más “noticiosa” de “invasión 68”. ¿Cuáles eran tus metas con el libro “Invasión 68”?

JK: Intenté presentar la invasión soviética a Praga en toda su complejidad, y presentar la atmósfera de esos siete días respetando la cronología de los eventos. Trabajé con el diseñador gráfico checo Ales Najbrt. Juntos seleccionamos las fotos más fuertes y elegimos la estructura del libro. Decidimos que las mejores fotos horizontales, y también las más importantes en términos de cubrir los eventos, ocuparían dos hojas, y que también habría grupos de cuatro fotos, que se complementarían para dar más información sobre un momento o hecho; y que también habría 16 fotos en una sola hoja, que juntas ilustrarían más ampliamente lo que estaba sucediendo. Una vez que nos pusimos de acuerdo con ese concepto, empezamos a elegir y ubicar las imágenes.

Invasión 68, Praga de Josef Koudelka

MH: ¿Volviste a revisar tus hojas de contactos o los negativos antes de preparar este libro?

JK: Sí. Revisando todo mi trabajo en mi archivo y mis contactos encontré muchas fotografías que elegí para incluir en el libro, pero no descubrí fotos para agregar a las que siempre consideré las mejores. Una buena foto es la que no te podés sacar de la cabeza. La mayoría de mis libros se componen de esa manera. El concepto de este libro es diferente. Mientras ubicábamos las fotos en la estructura que habíamos determinado, el libro empezó a cristalizarse. Normalmente trabajo muy lento. Necesito estar seguro que la edición, la secuencia, el diseño... todo... tiene que ser así -no podría ser de otra manera. Así que no puedo creer que “Invasión 68” se completó en sólo un año.

Trabajamos con 3 historiadores que son especialistas en ese período. Le pedimos a eruditos que escriban introducciones explicativas que fueran cortas pero informativas, y que buscaran documentos que se relacionaran directamente con las fotos.

MH: Tenés un montón de fuentes primarias en el libro, comunicados oficiales del gobierno checoslovaco, testimonios, declaraciones de la prensa y de oficiales soviéticos, también otros documentos de la época e información sacada del “Libro negro checoslovaco”, un testigo, y una descripción documentada de la invasión, preparada por el Instituto Histórico de la Academia Checoslovaca de Ciencias en otoño de 1968.

JK: Al final del libro hay una pequeña cronología que permite al lector seguir, día a día, cómo se desarrollaron los hechos. El libro también está estructurado de forma que alguien pueda inmediatamente encontrar la información más importante: esos textos están impresos en negro. Siempre intentamos preservar la secuencia esencial de los eventos, aunque no siempre podía estar seguro de la cronología al mirar mis hojas de contacto. Todo se desordenó cuando los negativos llegaron a Magnum en Nueva York y se hicieron las hojas de contacto. Tampoco podría estar seguro del orden de los eventos mirando los negativos: saqué fotos usando película para cine y los cuadros no estaban numerados.

Fue por esa razón que, para hacer el libro, quise tener toda la documentación posible para ser lo más fiel a la secuencia real de los hechos.

MH: Invasión 68 parece ser diferente a todos los libros que hiciste antes -en términos de los objetivos y metodología.

JK: Busco un acercamiento que quede bien con la esencia de cada proyecto. No me gusta repetir. La repetición no es interesante una vez que llevás una idea tan lejos como puede llegar, y conseguís lo que estabas buscando. También la repetición lleva a quedarse trabado en los hábitos de uno, que terminan volviéndose reglas. Quedás encerrado en esas reglas y no podés salir. ¿Entonces qué hacer? Una solución es destruirlas.

MH: Parece haber una dualidad o tensión en tus proyectos. Siento a una persona solitaria, pero al mismo tiempo una conmovedora camaradería. Una sensación de tragedia atraviesa tu trabajo, pero simultáneamente es profundamente luminoso. Decís que la palabra más hermosa es “próxima”, pero sos uno de los individuos más presentes y comprometidos que conozco, y es algo que se manifiesta en la intensidad y emoción de tus fotos. Sin embargo parece que abandonas un tema sin mayor dificultad una vez que terminas....

JK: A lo que me refiero con “próximo” es moverme, continuar, nunca parar. No dejo nada. Nací de cierta forma. Creo que soy una persona visual. Miro todo. No es que de golpe dejo a los gitanos o el teatro, simplemente dejo de fotografiarlos porque mi vida cambia y ya no estoy confrontado por las mismas situaciones. Uno construye sobre lo que vino antes.

MH: Hablaste mucho sobre libertad personal y no querer estar en un solo lugar por mucho tiempo. ¿No te gusta estar atado a algo? ¿Se trata de no querer estar muy cómodo, para seguir teniendo experiencias frescas?

JK: Antes que nada, tenés que saber quien sos.

MH: ¿Vos sabés quien sos?

JK: Estoy intentando. Antes me preguntaste sobre ataduras. No quiero estar atado a cosas materiales. Ahora tengo dos lugares donde puedo trabajar- París y Praga. Antes no tuve un lugar por quince años. No necesitaba ni quería lugares. Siempre traté de ajustar mi vida a la forma en la que quería vivir. Ahora tengo 70 años, y nunca tuve una tele, un auto, un celular o una computadora. A veces los uso. No tengo nada en contra de ellos. Pero no necesito lo que no tengo.

MH: Entonces ¿qué importa, Josef?

JK: Todo, importa todo. Cada día es un regalo. Esta mañana importó muchísimo que el sol saliera a las 8:18. Mañana va a importar muchísimo, si estoy aquí, que el sol salga a las 8:16. Todo importa. No doy nada por sentado. Todo es un regalo para mí. Si algo hermoso pasa, intento disfrutarlo y apreciarlo lo más posible.

Sabes, somos todos diferentes. Al mismo tiempo, somos todos muy similares. Cada uno de nosotros busca la forma de estar y vivir en este mundo y no hay una única manera.

Pequeña biografía

Nació el 10 de enero en Moravia que formaba parte de la desaparecida Checoslovaquia y actual República Checa. En 1956, año de la invasión soviética a Hungría, comenzó sus estudios de Ingeniero Aeronáutico en la ciudad de Praga, carrera que desarrolló junto a su afición por la fotografía, habiendo realizado su primera exposición en el Teatro Semafor de Praga, en 1961, donde conoce a Anna Fárová que será desde entonces su colaboradora.

En la década del sesenta se dedicó a la fotografía de teatro, además de su trabajo como ingeniero. Llega a publicar su primer libro sobre la obra de Alfred Jarry Ubu Rey y, a partir de 1967, se dedica a tiempo completo a la fotografía.

Sus fotografías comienzan a ser distribuidas internacionalmente a partir de 1969 por la Agencia Magnum Photos, siendo publicadas en medios como Times Magazine, The Sundary, Look, pero de manera anónima para evitar represalias de parte del gobierno comunista. El Overseas Press Club le otorga el Premio Robert Capa.

En 1970 abandona Checoslovaquia para no volver (recién lo haría cuando su país abandona el régimen totalitario) y años más tarde logra el asilo político en el Reino Unido, viviendo en Londres. En 1971 es admitido en Magnum como miembro asociado, por iniciativa de su presidente, Elliott Erwitt. “Es entonces cuando conoce a Henri Cartier-Bresson y al editor y fotógrafo Robert Delpire, con quienes mantendrá una relación muy cercana. Koudelka reconoce que trabajando con Robert Delpire aprendió de fotografía más que nunca en su vida y que éste es la persona que mejor conoce su obra, a lo que ayuda el hecho de que sea el editor de la mayor parte de los libros de Koudelka”.

En 1975 presenta una retrospectiva de su obra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y Robert Delpire le publica en París su libro “Gitans: la Fin du Voyage (Gitanos: el final del viaje)”, que fue galardonado con el Premio Nadar.

A partir de 1980 se muda a Francia y en 1987 adquiere la ciudadanía, realizando una serie de proyectos, entre ellos la documentación en fotos panorámicas de la Normandía, París y la Bretaña.

Por su obra ha recibido numerosos reconocimientos, además del Premio Robert Capa, como el Premio Cartier-Bresson, Medalla de la Royal Photographic Society, Premio de la Hasselblad Foundation Photography además de haber sido nombrado Caballero de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura Francés.

Traducción: Nicolás Casaballe.

El original fue publicado en inglés en la revista Aperture, Nº 192 del otoño del 2008 y cedido los derechos a Fotomundo.

Fotomundo 497 (Mayo 2010)
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